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viernes, 13 de enero de 2012

Exploración soviética de Venus


En la Unión Soviética, donde supuestamente todo estaba mal hecho, todo era de mala calidad y era imposible que se superara el capitalismo en cuanto a avances técnicos y científicos, la exploración espacial fue un hito que los EEUU tuvieron miedo de no alcanzar.

Uno de los mayores avances soviéticos en este asunto fue la exploración del hasta entonces enigmático planeta Venus, cuya densa atmósfera ha motivado todo tipo de especulaciones desde que su atmósfera fuera detectada en 1771 por Mihail Lomonósov, científico también de origen ruso.

Mucho tiempo después fue el Programa Venera (Venus en ruso) donde se elaborarían todos los planes para explorar aquel planeta y descifrar el enigma de su superficie, considerada por muchos hasta entonces como húmeda y selvática, volcánica, sulfurosa e inhóspita en la realidad.

A continuación parte de un documental que trata sobre la exploración de Venus. He omitido poner el resto en el que se trata la posterior exploración del planeta por parte de otros países, no porque niegue que otros países también aportaron mucho a la exploración espacial sino porque yo quiero centrarme en el hecho de que la Unión Soviética aportó más de lo que se dice en este campo, demostrando la por muchos negada capacidad técnica y científica del socialismo.

¿Por qué triunfó la ciencia soviética?



Juan Manuel Olarieta


El socialismo no admite comparación con el capitalismo en ningún terreno. No compite con él porque ya ha triunfado sobre él, ya es un avance histórico con respecto a él. Por lo tanto, no voy a discutir ahora si la ciencia soviética fue "mejor" o si avanzó "más" que la de los países capitalistas. Sin embargo, el triunfo de la revolución en un país atrasado, como la Rusia zarista de 1917, planteó las cosas de una manera algo distinta: como una cuestión de supervivencia frente a las grandes potencias imperialistas, que en aquel momento dominaban la ciencia (y dominaban gracias a la ciencia, entre otras cosas). Lenin lo expresó gráficamente cuando dijo que el comunismo eran los soviets más la electrificación (1). Quizá lo que no ha quedado suficientemente claro es que Lenin dijo eso en contraposición a Woodrow Wilson, presidente de Estados Unidos, quien cinco años antes había dicho: "El siglo XX pertenece al petróleo y la electricidad". Merece la pena reflexionar sobre ambas expresiones para saber si el siglo XX fue el de la electricidad, el de los soviets o el de las dos cosas al mismo tiempo.


Bajo los soviets el desarrollo científico tuvo siempre un marcado carácter estratégico. La tarea de la ciencia consistió en ponerse a la altura de los países punteros en tecnología, y luego superarlos. Si no hubiera desarrollado la ciencia de la manera vertiginosa en que lo hizo, la URSS simplemente no hubiera podido subsistir mucho tiempo. Esa fue la lección de la II Guerra Mundial que, en palabras de Stalin, fue una "guerra de motores" o "mecanizada" (2). Sin duda fue muchas cosas más, pero ese fue un aspecto muy importante. El Ejército Rojo ganó la guerra civil a lomos de mulas y la guerra mundial a lomos de tanques. Pero entre ambas sólo habían transcurrido dos décadas, que la URSS tuvo que transitar a un ritmo trepidante. En 1945 la tecnología soviética ya había superado a un país puntero como Alemania, el más avanzado de la época, sobre todo en materia militar.
Academia de Ciencia de la Letonia soviética (Riga)


Si tenemos en cuenta esa circunstancia, empezaremos a comprender la falta de fundamento de una serie de arraigados vicios intelectuales de la burguesía que paso a enumerar.


1. La ciencia no son sólo conocimientos. Es un vicio procedente del racionalismo y de la Ilustración burguesa. Además de conocimientos, la ciencia es una fuerza productiva y un instrumento de hegemonía. Si los marxistas-leninistas nunca hemos aceptado el "arte por el arte", tampoco hay por qué aceptar, por idénticos motivos, la "ciencia por la ciencia". El "arte por el arte" encubre un fenómeno cultural e histórico y la "ciencia por la ciencia" encubre otro. Por ejemplo, encubre que actualmente la mayor parte de la inversión en ciencia tiene un origen militar; por lo tanto, también tiene un destino militar. El caso de la informática, internet y la telefonía móvil lo estamos padeciendo hoy mismo. También para el capitalismo la ciencia es estratégica: es un sistema de control y dominación de las masas, que en la etapa imperialista alcanza al mundo entero. La burguesía cree que puede solventar su crisis sin necesidad de ninguna revolución, reconvirtiendo los problemas sociales, económicos y políticos en problemas técnicos.



2. Lo mismo que la economía, el desarrollo de la ciencia no es espontáneo sino que también se dirige en una u otra dirección. Eso que cuentan en las escuelas sobre Newton y la manzana que cayó de un árbol es la consagración de la estupidez burguesa al más alto nivel. La ciencia no se improvisa, no espera que alguien descubra algo nuevo por un golpe de buena suerte. Los logros de Newton fueron consecuencia de la revolución burguesa en Inglaterra y la nueva organización de la ciencia que trajo consigo: la Royal Society. Del mismo modo, si la ciencia soviética triunfó fue porque estuvo correctamente dirigida y organizada. Pero quien debe dirigir el desarrollo científico no son los científicos porque el desarrollo económico tampoco lo dirigen los economistas. Fue el partido bolchevique quien lo hizo.


3. Otro de los mitos a desnudar es la concepción individualista de la ciencia, la teoría del genio, de que los avances en el conocimiento se deben a los sabios, a personalidades relevantes que están por encima de la mediocridad general. La ciencia es una tarea colectiva, social, que un país que pretenda construir el socialismo debe organizar consciente y correctamente. El progreso científico soviético fue consecuencia de una política científica igualmente correcta que constituye un modelo a seguir aún en la actualidad.


4. El último tópico es el del dinero. Hay quien cree que para poner a un país a la altura de los tecnológicamente punteros hay que invertir más dinero en ella. Es cierto que la moderna investigación requiere desembolsos cada vez mayores porque los laboratorios y el equipamiento juegan un papel muy relevante. Ahora bien, los recursos que hoy se destinan a la ciencia están sometidos a las leyes del capital, como cualquier otro sector económico. Ya lo explicó Marx: "La ciencia es separada del trabajo como potencia independiente de producción y aherrojada al servicio al capital" (3). Además de la llamada "aplicación" de la ciencia a la producción (capitalista) hay que tener en cuenta también la "aplicación" de la producción (capitalista) a la ciencia. Las crecientes inversiones en ciencia no son tales sino inversiones en "empresas científicas". Es lo mismo que sucede con cualquier otro sector económico capitalista. Por ejemplo, mayores inversiones en sanidad no mejoran nuestra salud.


Pues bien, las inversiones de la URSS en ciencia no sólo superaron a las de cualquier otro país capitalista de vanguardia sino que las multiplicaron, y aunque esto fue importante, no es lo que explica el éxito de la ciencia soviética.

Instituto soviético de robótica y cibernética (1987)


Como en cualquier otro campo, una política científica es correcta cuando se apoya en la ciencia, lo cual no es ninguna redundancia. Para impulsar la ciencia hay que saber qué leyes rigen el progreso del conocimiento y, entre los muchos inventos de la URSS, hubo uno que trataba precisamente de eso: de estudiar a la ciencia como objeto de la ciencia misma. Lo llamaron "Naukovodemia", la ciencia que estudia la ciencia.


La ciencia avanza siguiendo las leyes de la dialéctica, una de las cuales es la antítesis, la crítica, el momento negativo del conocimiento, el que determina lo que no es ni será nunca ciencia. Pero no para censurarlo o suprimirlo por decreto sino para criticarlo. Desde hace un siglo y medio hay teorías supuestamente científicas que los marxistas-leninistas seguimos sin aceptar como tales, por más que insistan en ello. Por ejemplo, no es de extrañar que los modernos manuales de termodinámica sigan mencionando la crítica que Engels realizó en su día a la interpretación que de la segunda ley de la termodinámica realizaron los físicos de su tiempo (4). Por más que traten de ponerla de moda una y otra vez, Engels tenía razón y las teorías del caos nunca lograron prosperar en la URSS. Es la ventaja que tiene el "dogmatismo" cuando insiste tozudamente en defender una concepción correcta y verdaderamente científica frente al absurdo, el tópico y la chabacanería.



Cartel chino de 1958 que llama a estudiar los avances científicos soviéticos.



Otra de las leyes que rigen el avance de la ciencia es la contradicción. El conocimiento se abre camino en medio de polémicas y controversias entre teorías opuestas. La ciencia de un país está bien organizada cuando no sólo protege las distintas concepciones científicas sino que las estimula: la ciencia no puede desarrollarse "sin la lucha de opiniones, sin la libertad de crítica", escribió Stalin (5). La dictadura del proletariado se apoya en las masas, en su iniciativa y en su creatividad, lo cual, en materia científica significa que debe estimular activamente el surgimiento continuo de nuevas propuestas de investigación, de proyectos originales y de concepciones rupturistas. A diferencia del capitalismo, el socialismo mira hacia adelante, es inconformista con el saber establecido y pretende abrir nuevos caminos incesantemente. La fuerza del socialismo no está en la rutina de las frases hechas sino en suscitar continuos interrogantes, cuestionar lo que se cree saber.


Un país socialista se fundamenta en un silogismo claro: la dictadura del proletariado es el poder del proletariado; el saber es poder; luego el proletariado tiene que saber si quiere tener el poder. La burguesía domina porque tiene el monopolio de la ciencia y la revolución socialista tiene entre sus objetivos pioritarios la formación científica de las masas, la divulgación de los conocimientos, el arte y la cultura. Para impedirlo la burguesía ha inculcado que la ciencia es difícil, que cualquiera no puede aprender la teoría de la relatividad, por ejemplo. Esto es falso. Todos, absolutamente todos, pueden aprender y, desde luego, ampliar sus conocimientos.


Eso no sólo es imprescindible por la naturaleza política de la dictadura del proletariado sino también porque no puede haber ciencia sin divulgación científica. Del mismo modo que para que haya media docena de atletas de élite tiene haber miles de corredores aficionados, para que haya un puñado de buenos matemáticos tiene que haber miles de aficionados a las matemáticas. Ahí radica una de las claves maś importantes del éxito científico de la URSS: ningún país en la historia de la humanidad ha desplegado un esfuerzo tan considerable por llevar el conocimiento a las masas. La ciencia no está sólo en la centros de investigación sino en la difusión del saber, que no sólo se debe llevar a cabo en las aulas sino por todos los medios posibles: revistas, libros, documentales, radio, etc. Mientras en los países capitalistas, los alumnos buscan universidad, en un país socialista es la universidad la que debe buscar alumnos.


Notas:


(1) Lenin, Informe al VIII Congreso de los Soviets, diciembre de 1920, Obras Completas, tomo 42, pg.164.
(2) Stalin, 24 aniversario de la Gran Revolución Socialista de Octubre, Oeuvres, tomo 16, pgs.33 y 203.
(3) Marx, El Capital, Fondo de Cultura Económica, tomo I, pg.294.
(4) J.Aguilar Peris: Curso de termodinámica, Alhambra, Madrid, 1981, pgs.180 y siguientes.
(5) Stalin, Le marxisme et les problèmes de la linguistique, Pekin, 1975, pgs.28-29.

jueves, 12 de enero de 2012

El Libro Gordo de Petete soviético




Portada del número 65 del Libro Gordo de Petete.

Technica-Molodezhi se fundó en 1933, hecho que podría relacionarse con el inicio de las relaciones diplomáticas de la URSS con Estados Unidos. La razón es que siempre se ha visto a Technica-Molodezhi  como la alternativa soviética a la estadounidense Popular Mechanics, editada desde 1902.  No obstante, si bien ambas revistas tratan de Ciencia y Tecnología, Popular Mechanics ofrecía entonces un enfoque más práctico, publicando consejos de mantenimiento de máquinas cotidianas como automóviles. Por otro lado, Technica-Molodezhi  apostó por la predicción del futuro no tan lejano.

Ilustración de un artículo dedicado a la mecánica (1933).

Esta admirable decisión de querer alimentar la imaginación del lector con una base científica-técnica real hizo que durante la Era soviética, Technica-Molodezhi  se convirtiera en la primera opción para autores de Ciencia-Ficción extranjeros en busca de una revista donde publicar.

Portada y contraportada de dedicados al planeta Marte (1961)

La portada y contraportada del primer número de 1961 (mostrados anteriormente) son un claro ejemplo de que el objetivo de la revista es ir más allá, donde el presente se convierte en pasado. No olvidemos que fue en 1961 cuando Gagarin realizó su primer vuelo orbital y Technica-Molodezhi… ¡ya estaba pensando en la exploración de Marte!

Ilustración de un artículo dedicado al estudio del cerebro (1961).

Como puede apreciarse en la anterior ilustración, los temas tratados en un mismo número son muy variados, estimulando la multidisciplinariedad. Y es que en sus 79 años de existencia, la revista no se ha limitado a ofrecer relatos, sino que también ha mostrado los avances científicos y tecnológicos de todas las áreas. Además, el lector de Technica-Molodezhi no era un mero receptor de información, ya que la revista ofrecía recopilaciones de misterios reales, acertijos procedentes de antiguas civilizaciones y puzles lógicos, que daban muchísimo que pensar.

Portada dedicada a vehículos bioinspirados (antes de la aparición de Mazinger Z y Battletech) y contraportada dedicada a la explotación de recursos naturales en la Tierra, la Luna y Marte (1969).


La historia de la revista está asociada a la de Rusia. Por sus páginas han desfilado temas relacionados con la industrialización, el uso de la energía atómica, la exploración espacial… y en todo momento, elevando a la máxima categoría la insuperable labor de los científicos e ingenieros patrios.

Esquema del cohete Vostok (1969).

Hasta la fecha y gracias a Technica-Molodezhi, alrededor de 6.000 millones de personas pudieron disfrutar de los artículos realizados por científicos nacionales destacados. Éste es el caso de Iván Pavlov, Nikolái Zelinski, Anatoli Alexándrova, Serguéi Corolev, Victor Glushkova, Igor Kurchatova e Iván Artobolevski.

Pero como ya habíamos dicho antes, la revista estaba abierta a contribuciones del extranjero. De esta manera, por sus páginas desfilaron grandes de entre los grandes como Werner Heisemberg, Paul Dirak, Otto Hahn, Robert Oppenheimer, y Enrico Fermi.

Ilustración de un artículo dedicado a la obtención de energía a través de las mareas (1979).


Los ensayos publicados ofrecieron por primera vez en la URSS una invitación a la revisión crítica de ciertas áreas científicas. Entre ellas se encuentra la Genética (Nikolay Dubinin), la Cibernética (Al Berga) y la Parapsicología (Alexánder Spirkin).

Además, la revista se hizo eco de nuevos deportes “científico-técnicos”, describiéndolos con todo lujo de detalles, a medida que iban apareciendo a lo largo de estos años. Algunos ejemplos son el ala-delta, el windsurf, el parapente o el monopatín.

Portada del primer número de la revista tras la independencia de Rusia de la Unión Soviética (1991).


El universo creado por Technica-Molodezhi en la cabeza de sus lectores se expandió hacia fuera en términos de patrocinios y mecenazgos. De esta manera, la revista organizó más de 20 carreras automovilísticas en Rusia y el extranjero. Además, bajo su apoyo se encontraban más de 40 clubs de jóvenes submarinistas aficionados que realizaban búsquedas de reliquias en ríos, lagos y mares.

Y es que para muchos de sus lectores, la revista “daba alas a sus ideas” casi literalmente.

Listado de canales de radio y televisión ofrecidos por diferentes satélites artificiales (1991).



Ya en los años ’90, la revista ofrecía sus contenidos a través de programas de la televisión rusa.
Una muestra más de la proyección internacional de Technica-Molodezhi es su participación en el Salón Eureka de la Innovación de Bruselas. Allí cosechó 10 medallas, siendo la mitad de oro.

Anuncio de IBM en la revista (1991).

Otro ejemplo de impacto internacional es el hecho de que empresas extranjeras de la categoría de IBM aprovecharan la revista para llegar a sus potenciales clientes rusos, tal y como se puede apreciar en la imagen anterior.

Publicaciones como Technica-Molodezhi  nos demuestran que la Ciencia no puede limitarse a un entorno de batas blanca exclusivamente. La divulgación es una herramienta clave que no solo garantiza que la difusión de los descubrimientos, sino también la supervivencia de la propia Ciencia, ya que sirve de inspiración a las nuevas generaciones que relevarán a los científicos actuales el día de mañana.

Portada de un número reciente dedicado a Mijaíl Vasílievich Lomonósov, científico, teólogo y escritor, considerado el Leonardo da Vinci ruso del Siglo XVIII (2011).


Las cifras de Technica-Molodezhi expuestas a lo largo del artículo hablan de su gran éxito. Además, su longevidad es un signo inequívoco de cómo aquellos niños que viajaron con su imaginación a los confines del conocimiento humano han tomado el relevo y se han erigido guías de las nuevas generaciones.

En definitiva, se puede afirmar que la revista ha cumplido con su objetivo todos estos años, que no ha sido otro que ofrecer ideas, ideas que generarán otras más, como parte del proceso de innovación científica.

Más Información:

Web oficial de Technica-Molodezhi. El archivo (Архив журналов) dispone de todos los números digitalizados y a un precio muy asequible.

Colección de portadas y contraportadas de Technica-Molodezhi  (años ’60).
Web oficial de Popular Mechanics.

Cinco cosas que nunca le agradecimos a la Unión Soviética



Por Aanchal Anand

1. Derechos de la mujer. Mientras que algunas islas habían otorgado a las mujeres el derecho al voto ya en el siglo xix, la primera gran oleada de cambios ocurrió a comienzos del siglo xx. En el año 1917, sólo cuatro grandes países (Australia, Finlandia, Noruega y Dinamarca) habían adoptado el sufragio femenino. La Revolución Rusa de 1917, que defendió la igualdad de derechos para todos, difundió el temor a que las feministas encontrasen en el comunismo un sistema más atractivo, y pudieran conspirar junto con los bolcheviques para importarlo a los países occidentales. La mejor forma de cortar de raíz semejante amenaza era otorgar a las mujeres el derecho al voto. Gran Bretaña y Alemania lo legalizaron en 1918, les siguieron los Estados Unidos en 1920, y otros pronto tomaron el mismo camino. Francia fue la única gran potencia que no reconocería este derecho hasta 1944.


2. Legislación laboral. Esto es bastante obvio. Contamos con una semana laboral de 5 días, vacaciones pagadas de 2 a 4 semanas, permiso de maternidad, cobertura de salud, estándares de seguridad para operarios, etc. por la presión que ejerció el comunismo sobre el capitalismo. Nunca logramos ver la faceta humana del comunismo, pero gracias a la URSS, sí vislumbramos un lado más humano del capitalismo.


3. La Segunda Guerra Mundial y la reconstrucción posbélica. La URSS desempeñó un papel fundamental en la derrota de la Alemania nazi. Stalingrado es el famoso campo de batalla que logró desbaratar la guerra relámpago (“blitzrieg”) y cambió el desarrollo de la guerra. La URSS sufrió la pérdida de 23,4 millones de personas (más que en Alemania y más de 26 veces el número de muertes que sufrieron los Estados Unidos y el Reino Unido juntos). Una vez concluida la guerra, se diseñó el Plan Marshall debido a que los países aliados de Occidente no querían que Europa sucumbiera al comunismo al enfrentarse a la muerte, el hambre y la desolación. De hecho, el Plan se desarrolló sólo bajo la condición de que los comunistas fuesen excluidos de los parlamentos de los países que recibían ayuda. ¡Qué democracia!


4. El camino anticolonial. Mientras que el imperialismo alimentaba la maquinaria industrial y capitalista, la URSS defendía la causa de las colonias explotadas. Extendió su ayuda a los dos países que luchaban por su liberación y a los países que recientemente habían logrado su independencia. Las inclinaciones soviéticas por la lucha libertaria india no son un secreto; para un país pobre que luchaba por ponerse en pie, la ideología comunista resultaba naturalmente atractiva.



5. Descubrimientos científicos. Los soviéticos lanzaron el primer satélite y luego enviaron al primer perro, al primer hombre y a la primera mujer al espacio. También desarrollaron diversos diseños televisivos. Para resumir, no habría un Tata Sky (sistema de difusión directa por satélite) si no fuera por la magia soviética. Además, los soviéticos también se llevan la medalla de haber creado órganos artificiales, el primer helicóptero, la xerografía y el tristemente célebre fusil AK-47.


Hasta aquí el artículo. Esta autora ha seleccionado estas cinco cosas a agradecer a la URSS. Se podrían seleccionar otras muchas como la alfabetización universal, la lucha contra el fanatismo religioso y nacional, la elevación del nivel de vida de la clase obrera, el fomento del arte y la cultura, y un largo etcétera.

miércoles, 4 de enero de 2012

Un tanque en la Luna



La Unión Soviética llegó a la superficie de la Luna, no por medio de tripulantes humanos pero sí por medio de artefactos teledirigidos. Uno de estos proyectos fue el Lunohod, un programa para el desarrollo, lanzamiento, alunizaje y posterior utilización de un vehículo robótico controlado desde la Tierra.

Hoy en día, en un momento en que este tipo de tecnología parece hasta rudimentaria, es posible que no sorprenda el programa Lunohod. Sin embargo a principios la década de 1970 aquello era una proeza que los EEUU miraban con miedo a ser superados.

El siguiente documental me parece bastante interesante, sobretodo por el hecho mismo de haber rescatado el proyecto del olvido a que se sometió durante tanto tiempo. El documental, no obstante y como no podría ser de otro modo, se muestra enormemente tendencioso al mostrarnos una Unión Soviética donde los científicos trabajan a marchas forzadas casi a golpe de látigo por miedo a que los vuelvan a encerrar en algún gulag nauseabundo en los confines de tan maléfico imperio. En fin.