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sábado, 15 de junio de 2013

Contra el republicanismo nostálgico



Ay amigos, cuan fácil es salir a la calle a ondear una bandera y gritar que se jodan los Borbones, pero cuanto más difícil es elaborar proyectos sobre la mesa de cómo habrá de ser la III República. La verdad es que si la cosa sigue de esta manera yo ya voy a dejar de ser partidario de la III República pues está claro que el socialismo va a venir con la cuarta, o quién sabe si con alguna posterior.

La II República española fue un Estado capitalista, un Estado capitalista y colonialista fundado por una burguesía que, por fin, se hayaba en condiciones de completar la transformación de España, de páramo semifeudal en un país capitalista moderno, con una potente clase media y unas instituciones avanzadas. El modelo para España no era la Unión Soviética, como los charlatanes de la ultraderecha cavernícola española dicen, era por contra Francia, si omitimos el centralismo etnicida del país vecino y le aplicamos un sistema de vertebración autonómico que se parece bastante al actual.

La II República fue un régimen tan poco revolucionario que incluso padecía algunas de las vergüenzas propias del actual régimen de la Transición. Así pues la II República tampoco juzgó a los responsables de la dictadura de Miguel Primo de Rivera y en buena medida hubo de padecer muchas instituciones heredadas de este, que a su vez venían de más atrás, como era el caso del caciquismo rural, auténtica red de dictadorzuelos municipales que imponían su ley sobre toda la población.

La bandera republicana fue, además, la bandera bajo la cual se mantuvo un régimen colonial en Guinea Ecuatorial, parte de Marruecos y el Sahara Occidental.

Durante los años 20, para colmo, España había visto crecer dentro de si a otra casta parasitaria que impedía su desarrollo como Estado capitalista moderno, la casta militar de los africanistas, auténtica elite de chusqueros que pretendían desangrar al país en su propio Vietnam como era la Guerra de África, simplemente para poder ascender rápido y acabar codeándose con el poder. Y todo esto obviando el sufrimiento de los pueblos colonizados del norte de África. Y fue esta casta como un puñal con el que dificilmente tuvo que lidiar la República hasta su amargo final.

Pocos recuerdan también que muchos, aunque no todos, los militares que enterraron en una orgía de sangre a la II República, fueron precisamente quienes ayudaron a que esta naciera. Un caso fue el de Gonzalo Queipo de Llano, que pasó de ayudar a la llegada de la República a arengar a los violadores de la Legión y de la Falange por Radio Nacional de España.

La Segunda República española era ni más ni menos que un escenario en el que cualquier opción cabía, incluída la ultraderecha de la CEDA o Falange. Bueno, cualquier opción no revolucionaria, pero es que para la aristocracia feudal y las castas militar y clerical de este país no hace falta ser Salvador Allende para que le hagan contrato a Pinochet, les basta con que seas Franklin D. Roosevelt. ¿Acaso cabe en mente alguna la idea de que Manuel Azaña fuera Marxista? ¿Acaso alguien ha leído las reformas emprendidas por Largo Caballero, el supuesto Lenin español? ¿Nadie se ha dado cuenta de que las medidas sociales de la II República, todas ellas positivas, no solo eran compatibles con el capitalismo sino que hoy en día serían más que insuficientes? Pero si hasta los gobiernos derechistas de Francia habrían considerado razonables esas medidas. Y si alguien tiene alguna duda que clicke aquí para leer el programa del Frente Popular. La república en si no es más que un Estado en el que la jefatura del mismo se somete a plebiscito, y ya está, pero en si no es garantía de nada. Y es que en un país oscurantista, semifeudal y atrasado como España es muy fácil parecer un comunista por querer que haya escuelas públicas, del mismo modo que alguien que sepa hacer fuego con unos leños en una tribu paleolítica podría quedar a la altura de Isaac Newton.

Muchos olvidan que la II República, si fue defendida por los comunistas fue porque estos participaban en un gobierno burgués cuyo único fin era el de impedir que los fascistas conquistaran el poder por las buenas como en Alemania. Olvidan que la II República era para el pueblo trabajador español no un fin sino un medio, no un proyecto sino un mal menor, no un Estado socialista ni presocialista sino un Estado burgués contrario al fascismo, como lo podrían ser los sectores burgueses de la Resistencia francesa, entre ellos en General De Gaulle.

Muchos olvidan que Franco, en sus primeros comunicados militares tras el golpe de Estado, llegó a firmar con un Viva la República y Viva España. Olvidan que su bandera fue la tricolor y que esto solo cambió por interés de los sectores monárquicos.

La III República española, al paso que va, puede acabar siendo otro aborto más de nuestra historia, es un proyecto emborrachado y cirrótico de parafernalia fetichista, de banderitas, de nostalgia y de idealismo romántico. Banderas hasta la nausea, Himno de Riego, Ay Carmela, consignas republicanas, noticias sobre el Caso Noos, elefantes y fotos del Rey con Franco. Muy bien, ¿y ahora que hemos identificado al enemigo nos va a decir alguien cómo demonios ha de ser la III República? ¿Tiene alguien la más sencilla propuesta, aunque sea una fantasía personal para empezar a debatir algo?



Cartel del gobierno republicano de la Guerra Civil



Emblema del programa de debates de Cuatro, Al Rojo Vivo. Seguro que muchos ni se habían dado cuenta.

Y en esta labor de confusión, de medias tintas y de republicanismo folclórico se encuentra, cómo no, el esparring inofensivo del régimen, Izquierda Unida. Queremos que cualquiera pueda ser jefe de Estado, la República es libertad y derechos y bla bla bla. ¿Y cómo se articula esto, con leyes que aplicaréis cuando por arte de magia os dejen gobernar pero manteniendo la estructura capitalista del Estado?

Ni puta idea, todo son castillos en el aire, buenas intenciones, libertad abstracta, banderitas, cambiar los nombres a las calles y plazas, que me parece muy bien pero no hay que quedarse solo en eso.

Y es que, como siempre, Izquierda Unida y buena parte de los que les siguen, como asumidos actores secundarios que son del régimen, pueden permitirse el lujo de no hacer los deberes pues saben que su trabajo consiste solo en repetir curso, en asistir a clase para que no se diga que no les dejan matricularse. Una trampa para leones que seduce a toda clase de jóvenes revolucionarios con la maleza de sus símbolos y comunicados pero que tras caer en su caverna acaban convertidos en inofensivos gatitos.

Republicanos famosos:



Sí, el de la barba es Ho Chi Ming. Lo he puesto junto a esos sátrapas solo para recalcar lo increiblemente amplio, y por tanto ambíguo, que puede ser el término "República".

Otro más, seguro que no os lo esperabais:



Banderas de algunas repúblicas:






Otros ejemplos posibles de republicanismo sin más señas


Con Miguel Primo de Rivera durante su dictadura, republicanos con la II República, inexistentes o muy calladitos durante el Franquismo, monárquicos con el régimen de la Transición y ahora que el régimen hace aguas vuelven a sacar la Tricolor. Y es que en este mundo no hay cosa más sucia y oportunista que un sociata.


http://democracianacional.org/dn/modules.php?name=News&file=article&sid=2803

A estos mierdas se la suda la Monarquía o la República, pero el hecho de que no lo tengan claro demuestra una vez más que una república en sí no es garantía de nada.



Emblema de la República Social Italiana, último reducto del fascismo mussoliniano.


Canción republicana de Falange



En pocas palabras, cuando los revolucionarios queremos una III República la queremos porque el socialismo es incompatible con la Monarquía pero no porque la República sea sinónimo de socialismo, pues no lo es. Cuando los republicanos folclóricos de Izquierda Unida y similares quieren el regreso de la República es, en cambio, porque su ideología progre y sin fundamentos se basa en una radicalización del derecho a elegirlo y votarlo todo pero sin orientación alguna, es decir, la Guerra de Irak fue un crimen porque "la gente" estaba en contra, llegan a estar a favor y la habrían apoyado como hicieron cuando se cruzaron de brazos ante el ataque a Libia o cuando se posicionaron en contra de Siria. Y es que claro, cuando niegas u omites conceptos tan básicos como la lucha de clases o la lucha antiimperialista es lógico que acabes cayendo en aberraciones hippiosas como que "la gente" o "la ciudadanía" son el motor de la Historia. Que el 15M en su santa ignorancia de movimiento recien nacido diga estas tonterías es comprensible, pero que lo haga un partido en el que se supone que más de la mitad son marxistas, eso es un crimen.


Homenaje a los combatientes republicanos españoles en Francia. Sin duda se merecen todos los honores pero también esto es una prueba de que el republicanismo español no asusta realmente a las potencias europeas de hoy en día.




Lo que me preocupa no es la bandera que ponen sino la que no quitan (UE).


¿Será quizás también un defecto cultural de los españoles el perder más tiempo siempre en el misticismo de los símbolos que en los contenidos abstractos? Quizás vivir durante siglos bajo los crucifijos mientras se ignora al cristianismo haya generado en nosotros una serie de taras fetichistas sin contenido alguno. Y es que hay mucho que no se pierde las procesiones del 14 de abril (envoltorio litúrgico) pero que luego se mantiene a kilómetros de cualquier tipo de posicionamiento que requiera leer algo más que consignas y artículos del diario Público (contenido). Los revolucionarios son también un producto del sistema que quieren destruir, no lo olvidéis.

Ejemplos de democracias radicales y republicanas:



EEUU


En muchas zonas de los EEUU existen diversas formas de participación ciudadana mucho más democráticas y participativas que en España. La participación llega al punto de que no solo alcaldes y concejales son electos, lo son incluso fiscales de distrito e incluso el sherif. Y este tipo de libertad radical se permite precisamente porque es una manera de que el sistema se vea legitimado, que sus súbditos lo vean y sientan como suyo pues la ideología oficial mantendrá esa libertad en su correspondiente lugar. Así las cosas, dejas que el populacho inculto lo decida todo y al cabo de un tiempo los tienes protestando porque a sus hijos les enseñan la Teoría de la Evolución y no el Génesis de la Biblia.

En otras épocas podrían haber votado hasta el linchamiento de todos los negros y forasteros o que 2 más 2 son 22.

Suiza


La caja de caudales del capitalismo mundial cuenta con un sistema asambleario, sí, eso que tanto gusta a la ultraizquierda, el sistema de los llamados Landsgemeinde, único en el mundo que transmite todas las decisiones de las mismas desde los municipios hasta el gobierno confederal. Esto que para muchos podría ser el modelo de una anarcocracia 15mayista es, sin embargo, un Estado cuya población se orienta hacia una extrema derecha en franca lucha contra la inmigración.



En conclusión, la democracia participativa está muy bien, la transparencia está muy bien pero decidirlo todo no nos traerá ni la libertad ni el socialismo ni nada, es más, puede incluso ser una herramienta de control de la población.


Esta podría ser una imagen de la III República si seguimos así y es que a mi me da lo mismo una Monarquía de Juan Carlos/Felipe que una República de Aznar.


Mihai I, último rey de Rumanía. Durante los años 90 la República de Rumanía le autorizó volver y, no contentos con esto, le regalaron inmensos terrenos públicos con los que se dedicó a especular. Preparaos para ver a Juan Carlos I jubilado en su yate con la tricolor ondeando en la popa.


Es por todo esto que yo planteo:

¿Cual es el modelo económico de la III República?

¿Cual será su política agraria?

¿Cual será su política industrial?

¿Cual será su política de cara a las Fuerzas Armadas?

¿Cual será su política educativa?

¿Cual será su política de cara a la pequeña y mediana empresa?

Posicionamiento internacional con los países del Tercer Mundo... menos ONGs limosneras y más independencia y socialismo.

Política de vivienda.

Posición ante la OTAN.

Posición ante la Unión Europea.

¿Cómo plantear la salida del Euro?

Modelo de Estado: ¿federación, confederación, cada uno por su lado?

Posición ante Gibraltar.

Posición ante Ceuta y Melilla.

Respuesta del republicano folclórico: "Ueeeeaaaaaaaaaaaaaaaa, libertad libertad, Borbones hijos de puta, vivan los elefantes de Botswana".

Preguntas para republicanos folclóricos:

¿Qué argumentos defenderías...

...si el Rey no cazara elefantes ni ningún bicho viviente...
...si los gastos de la Monarquía no fueran tantos y de hecho fuera hasta barata...
...si el rey no fuera un putero ni sus hijas y yernos unos delincuentes...
...si se pagaran ellos solitos sus bodas y yates...
...si se sometieran a referendum periódicamente como la casa real británica en Australia...
...si la CEDA hubiera ganado las elecciones de 1936 y el fascismo se hubiera construído desde las instituciones republicanas...
...si la institución monárquica hubiera vuelto por medio de un referendum democrático y no por imposición de un genocida?

Todas estas circunstancias podrían haberse dado y es que aunque nosotros aprovechemos estas circunstancias para cargarnos este régimen, estos no son el núcleo de todos los problemas sino circunstancias del capitalismo en sí.

miércoles, 2 de enero de 2013

Izquierdista bienintencionado, aléjese del PSOE (propuesta informativa)




Para apartar a los izquierdistas ingenuos aunque bienintencionados que caen en las garras del PSOE propongo crear una lista de los tópicos y engaños que usan estos para llevarlos a sus filas.

Engaños tales como:

-Presentarse como izquierda de verdad solo cuando están en la oposición.

-Hacer reformitas muy leves para no perder votos en lugar de hacer una transformación más profunda y eficaz (este tipo de argumentos mucho me temo que tendrá más efecto cuando se haya demostrado que se puede superar el sistema capitalista, quizás por medio de la propaganda por hechos).

-Entrada fraudulenta en la OTAN

-Su respeto por la Monarquía mientras se llena la boca con la II República.

-Su absolutamente falsa vinculación con el PSOE anterior a la Transición, el PSOE actual es un partido diferente fundado con el mismo nombre (citar datos de las investigaciones de Alfredo Grimaldos y otros autores).

Hacer una constante y hasta repetitiva propaganda acerca de su extenso curriculum contra el pueblo trabajador (IMPORTANTE: Señalar las semejanzas e incluso alianzas en este tipo de cosas con otros partidos como el PP para que no sea instrumentalizado a su favor).

Para esto propongo crear la mayor y más exaustiva recopilación de sucesos históricos llevados a cabo por este partido desde la Transición hasta hoy, incluyendo actividades tanto del Gobierno central, autonómico y municipal y que incluyan:

-Desahucios.



-Represión policial por medio de antidisturbios (citar ocasiones específicas con fechas y lugares exactos para que no haya dudas). Remarcar cuando estos han sido bendecidos a posteriori.

-Represión brutal de Reinosa en 1987. Equiparar estos actos con la represión brutal de Fraga en Vitoria y actos similares llevados por el franquismo y el PP para evitar que el efecto de la crítica en el espectador se tuerza hacia la derecha.

-Todas y cada una de las leyes aprobadas por ellos en contra del pueblo trabajador (citarlas una a una).

-Permisos para conciertos y actividades de la ultraderecha.

-Pactos, leyes y políticas concretas llevadas a cabo con el PP. Hacer especial hincapié en su semejanza mutua.

-Engaño para la entrada en la OTAN.


-Pacifismo falso: Comentar todas y cada una de las actividades militares internacionales en las que gobiernos del PSOE han participado, Afganistán, Kosovo, etc. Hablar de los intereses económicos concretos de empresas concretas en cada una de estas aventuras.

-Publicidad subliminal durante un partido de fútbol:



Propuesta para canalizar toda esta información:

-Creación de una web, blog en las que se acumule toda esta información y material gráfico.

-Divulgación de toda esta información desde medios y canales con una estética y un vocabulario neutros. Nos guste o no, nuestra terminología y nuestros símbolos son muchas veces un obstáculo para la asimilación del receptor del mensaje, el cual suele ponerse en guardia con el típico "bah, ya están estos comunistas", seamos prácticos, hay que llegar a los que no están en nuestra esfera ideológica.

-Extenderlo por TODAS partes: Conferencias, material audiovisual para Internet, redes sociales, etc. Estaría también muy bien extender las reivindicaciones de la Memoria Histórica hacia las andanzas del régimen de la Transición, lo cual podría incluir exigir responsabilidades por la dura represión del PSOE en Reinosa y otros lugares.

-Recordar cada caso de forma machacona y constante. Los vídeos y webs estilo Las Malas Lenguas son un buen referente aunque de hecho es asquerosa la forma en que omiten cualquier crítica hacia el PSOE.

-Hacer extensible la culpa de las actividades del PSOE a IU en todos los casos en que dicha formación lo apoya, por ejemplo en la Junta de Andalucía.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Propuesta desarrollada de Julio Anguita: “Somos Mayoría”




Hay mucha gente dentro del entorno político comunista que mantiene que Julio Anguita es un socialdemócrata más, un revisionista, un falso comunista, que no está a la altura, etc. Yo la verdad es que dudo mucho de estas afirmaciones y no es por esa especie de respeto sagrado que muchos tienen por Anguita, es que, tras haber escuchado y contrastado su discurso, me da la impresión de que todas o una gran parte de estas críticas se deben a que los partidos marxistas leninistas y el mencionado dirigente hablan en idiomas diferentes. Ahora bien, todos sabemos que se puede hablar en idiomas diferentes y decir las mismas cosas.

El siguiente documento es la propuesta de Julio Anguita para la creación de su cada vez más mencionado Frente Cívico "Somos Mayoría". La propuesta muchos la han tildado de extremadamente tibia y, en efecto, tibia es, pero sin embargo no es una tibieza como objetivo, como ocurre con el reformismo, es simplemente un primer paso en un proceso que pretende agudizar las contradicciones del régimen en pos de su derribo.

Y quien se piense que en este país va a movilizar a las masas obreras hablándoles de "repúblicas populares", de "marxismo leninismo", etc, podrá estar diciendo todas las verdades del mundo, pero las estará diciendo solo. La revolución necesita que las masas obreras vayan comprendiendo en cada momento la necesidad de ir en una dirección paso a paso y eso requiere partir de una situación objetiva concreta.

A continuación el documento:

JULIO ANGUITA / COLECTIVO PROMETEO

La experiencia diaria nos demuestra que, independientemente de la adscripción ideológica, política, sindical o profesional de cada uno y de cada una, somos mayoría quienes coincidimos en señalar y comentar una serie de evidencias que el sentido común más a ras de tierra no tiene por menos que reconocer como verdaderas e indiscutibles. A título de apretado resumen veamos algunas de ellas:

     1. Somos mayoría quienes empezamos a vislumbrar que esta situación no tiene remedio con las medidas que -con la excusa de la UE y los mercados- el poder económico-financiero está imponiendo. La deuda de las familias, la banca, las empresas y el Estado (con sus tres administraciones) es la siguiente:
 Deuda del Estado ……………………….… 600.000 millones de euros
 Deuda de las familias a los bancos……………. 1 billón de euros
 Deuda de las empresas a los bancos………….. 1´3 billones de euros
 Deuda de la banca al BCE y otros…………… 200.000 millones aproximadamente

      Esta cantidad es impagable y lo es porque debido a la política de recortes y reformas del mercado laboral añadidas a la crisis, han producido una depresión que no da señales de acabar; muy al contrario, parece que va a continuar sin saber hasta cuando. Y a pesar de ello cada día hay una subasta de títulos, bonos y pagarés a creciente interés y con una prima de riesgo disparada, el Estado interviene y nacionaliza las pérdidas de los bancos quebrados con la confesada intención de devolverlos al sector privado una vez saneados.

     La ayuda de la UE a los bancos está avalada por el Estado y en consecuencia éste asume, como garante último, la devolución del préstamo. Los recortes a las condiciones de vida de la ciudadanía continúan en una clara transgresión, no sólo de la solemne Declaración de DDHH de la ONU sino -incluso- de los Títulos Preliminar y VII de la vigente Constitución Española. No hace un año todavía la Constitución ha sido modificada en su artículo 135 a fin de que la deuda tenga preferencia de pago sobre cualquier otro gasto público. El llamado Estado de Derecho ya no es tal. Paralelo al Estado y sus administraciones, existe otro que informa el impulso de la acción política; un doble Estado formado por mafias, redes clientelares, intereses espurios, grupos de presión y alguna que otra alcantarilla. La situación es todavía susceptible de empeorar si no se ataja esta política.

      2. Somos mayoría quienes padecemos en nuestra propia situación, en la del entorno familiar, en la del vecinal o en el de nuestras amistades, el problema lacerante del paro, la precariedad, o las mil y una formas de degradar el ejercicio del trabajo. Y si a la cifra millonaria de parados y mal contratados le añadimos la evidencia de que los poderes públicos sólo plantean escapistas fórmulas consistentes en esperar una – cada vez más hipotética- recuperación que traiga “el crecimiento y la creación de empleo”, tendremos el cuadro de una situación sin esperanza, sin proyecto y sin calendario alguno. Así el discurso oficial (que es el del Gobierno pero también el de otros) alaba la flexibilidad en los despidos, la ruptura de los convenios o la trata de casi esclavos como una medida necesaria para crear empleo. De la misma manera se afirma que los recortes en sanidad ayudan a una mejor asistencia sanitaria y los recortes en educación producen una mayor calidad de la misma. Y en resumen, el discurso del absurdo, del cinismo y del aventurerismo conceptual y lingüístico que ha raptado a la razón, la lógica y hasta el más llano sentido común. Pero lo que constituye el mayor agravio para los que en estas circunstancias todavía tienen un puesto de trabajo, es oír como el mismo no es un derecho constitucional sino un privilegio.

 3. Somos mayoría quienes padecemos en nuestras carnes -o en las de infinidad de familias- la pérdida de horizonte, de futuro y de expectativas para la juventud española. Hace años el Consejo Superior de Investigaciones Científicas le encargó a James Petras, sociólogo norteamericano y catedrático de varias universidades estadounidenses, la elaboración de un estudio sobre las perspectivas de trabajo para los jóvenes de España. Petras entregó el trabajo en 1996, le pagaron y archivaron los estudios encargados. En aquellos documentos, que hoy están al alcance de cualquiera que quiera entrar en la red, el profesor Petras lanzaba el aviso de que ya estábamos ante las primeras generaciones que iban a vivir peor que sus padres. ¿Qué se hizo para evitar este drama? ¿Han reparado algunos “patriotas” en que cuando la juventud de un país sólo tiene como horizonte la emigración (para titulados) o la prolongación sine die de la tutela familiar, ese país deja de existir? ¿Qué padre o madre no estarían dispuestos, junto con sus hijos, a hacer algo efectivo para evitar este holocausto generacional?

4. Somos mayoría quienes presenciamos con asombro y escándalo que la corrupción se ha transformado en el hábitat cotidiano de nuestra existencia. Una corrupción que atraviesa los tres Poderes del Estado y llega hasta las más altas magistraturas del mismo. Financiaciones irregulares, negocios más que turbios, sobornos, tráfico de influencias, despilfarro del dinero público en obras faraónicas e inservibles, compra de material bélico, impagable y también inservible para los fines que se le atribuyen, sueldos de escándalo, trato de favor desde los poderes públicos a delincuentes convictos, desviación o paralización de la acción de la Justicia sobre presuntos delincuentes, uso torticero de los caudales públicos en beneficio de operaciones clientelares, etc. etc. etc. Pero la mayor de las corrupciones estriba en la concepción que se ha ido abriendo paso como consecuencia de estos desmanes: para una parte de la población el dinero público no es de nadie sino de quien se atreve a dilapidarlo, robarlo o malversarlo. El escándalo mayor no son sólo los delitos económicos en sí mismos sino también la indiferencia generalizada, la tolerancia social, la complicidad anímica con que son recibidos. A lo más, un chiste, una broma o un comentario jocoso.

      5. Somos mayoría quienes vivimos en una auténtica inversión de valores sociales. La economía basada en la creación de mercancías, bienes y servicios, la laboriosidad, la ética cívica, el rigor en los conceptos y palabras, el uso productivo del ahorro ciudadano, el respeto al ámbito legal en la contratación, remuneración y previsión de futuro de los asalariados, ha sido sustituido por la economía del pelotazo, el negocio fácil, el tente mientras cobro, los contratos basura, la segregación laboral según el sexo y la situación de embarazo en el caso de las mujeres, la amenaza de despido como herramienta omnipresente en las relaciones laborales, las promesas de inversiones fáciles y lucrativas que han desembocado en estafas hechas a los ahorros de capas populares y medias; y en general toda una amplia gama de contravalores basados en el individualismo, el consumismo y un hedonismo cutre.

      La filosofía basada en el negocio fácil, rápido y de alta rentabilidad se ha constituido en la médula de informes y programas económicos de la “modernidad y las altas finanzas”. Ha llegado a la Universidad y presidido sus reformas y adaptaciones al mercado y su cuerno de la abundancia; ha subvertido los valores de estudio, esfuerzo, tesón y dedicación inherentes a la actividad educativa; una actividad en la que lo importante son los gráficos, las estadísticas y el panel sobre el que se desarrollan las mentiras que obvian situaciones familiares, profesionales de los docentes y del sistema educativo en general. En la mentalidad media de alumnos y familias se ha instalado el conformismo evidenciado en la pregunta ¿estudiar para qué?

     6. Somos mayoría quienes comprobamos cada día cómo la Constitución, los textos legales y demás documentos internacionales de obligado cumplimiento son vulnerados, incumplidos, marginados y falsificados en su aplicación. La Política, instrumento y ejercicio de servir a la mayoría social ha devenido (con contadas excepciones) en una eterna campaña electoral en la que promesas, propuestas y proyectos son olvidados con la misma ligereza, frivolidad y descaro con que fueron hechos en los tiempos anteriores a la cita con las urnas. De ser un campo donde hay una confrontación de programas, ideas, valores y ejercicio consecuente del ejemplo, la Política ha devenido en la pugna por ser protagonista en el escenario de las instituciones pero sin cambiar la obra que se representa; es un relevo en el cuadro de actores sin que jamás cambie el libreto. Y cuando se les interpela por este combate amañado, la respuesta es decepcionante: son los mercados, las finanzas, la UE, la comunidad internacional, etc. Las preguntas surgen espontáneas ¿Por qué hay elecciones entonces? ¿Elegimos a un poder democrático o solamente a un zascandil correveidile?

      La Democracia es traicionada en nombre de ella misma. El que todavía conste en el artículo 1.2 de la Constitución que la soberanía nacional reside en el pueblo español es un hiriente sarcasmo. Si tomamos como referencia el texto constitucional vigente, caeremos en la cuenta de que vivimos un Estado de Excepción económico, social, político y ético. Ante nosotros se está desarrollando un Golpe de Estado incruento y a cámara lenta.

     Esta situación que acabo de describir someramente es desagradable, pero desde luego es real y como tal la siente la mayoría. Otra cosa es cómo reacciona esa mayoría. A ella me dirijo para manifestarle algunas de las conclusiones a las que he llegado tras haber meditado sobre estos momentos concretos:

      1. No hay fuerza política alguna que en solitario y en el ámbito específico y único de su actividad, sea capaz de asumir la tarea de poner fin a esta situación y además proponga una propuesta alternativa en el marco del derecho y la Constitución. La experiencia de los últimos años nos lo muestra. Y no la hay porque algunas ya han gobernado en balde y otras carecen del respaldo necesario para ello.

    2. No hay fuerza sindical que sea capaz de representar a este inmenso colectivo que constituye la mayoría.

      3. No existe ningún economista o colectivo de ellos que a palo seco y con sus ecuaciones, estadísticas y teorías, sea capaz, desde la pizarra, de plantear una salida viable y en positivo a este desconcierto.

    4. Estas afirmaciones las hago desde mi convicción de que las fuerzas políticas y sindicales son necesarias, cumplen un rol, aglutinan ideologías (yo mismo milito en el PCE e IU) pero en este momento y en virtud de un proceso histórico que comenzó en la Transición, están ante una tarea que les desborda.

   5. Las consecuencias son obvias: sólo un Frente Cívico, una mayoría ciudadana organizada en torno a soluciones concretas es capaz de crear la fuerza necesaria para colocarla en la balanza del poder en contraposición a otros poderes económicos, y sociales que siendo muy minoritarios, detentan en exclusiva el ejercicio del Poder.

 ¿En que situación está la mayoría social?

      La tremenda paradoja, la inquietante contradicción consiste en comparar la gravedad de la situación y la ausencia de sujeto social capaz de abordarla y superarla. Se necesita un soporte cívico democrático, de valores alternativos, firme, con voluntad de acometer el proceso de saneamiento económico, político y ético que la realidad demanda; y sin embargo esa fuerza no existe por ahora; existe en potencia pero no en acto.

     La mayoría no tiene más homogeneidad que su condición de dominada ayer, hoy y si no lo remediamos, mañana también. Pero apenas hay algo más que la haga consciente de que es mayoría y puede ejercerla. En ella hay colectivos y personas que luchan como pueden contra esta situación; y lo hacen desde distintos supuestos, compromisos y proyectos de futuro. En esta mayoría viven multitud de personas que limitan su participación cívica a cada acontecimiento electoral y poco más allá. Pero además hay un número amplio de indiferentes a cualquier proyecto de acción cívica y que con resignación consciente o tácita asumen como inevitable los que les ocurre; No faltan tampoco quienes asumen con conciencia de culpa el discurso del poder económico y político que generalizando plantea que “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”. Es la aceptación del discurso del dominante por parte del dominado. Es la represión perfecta: la víctima hace suyos el discurso y los valores del victimario.

      En esta situación de resignación cultivada por el poder, de carencia de futuro y de anomia generalizada me dirijo a la mayoría, en mi exclusivo nombre, desde mi libertad y desde la convicción de que, si ahora no se lucha, nuestros hijos y nietos no tendrán futuro, ni país, ni tampoco se tendrán a ellos mismos. En consecuencia, hago una Convocatoria.

 ¿A quién?

      A la ciudadanía harta de corrupción, de injusticias, de frivolidad política, de una práctica económica basada en la depredación del propio país, en la desertización de la industria, en la vuelta a unas relaciones laborales del siglo XIX y sin otro proyecto que no sea esquilmar más aún si cabe a esa mayoría.

      A los militantes de fuerzas políticas y sindicales para que, a título personal, se incorporen al proyecto que este documento expone.

     A plataformas, movimientos, colectivos y en general a todo grupo organizado que esté dispuesto a cambiar las cosas en el sentido de la justicia, la democracia profunda y el vivir en armonía con el entorno social, medioambiental y cívico.

    A los hombres y mujeres de la Ciencia, la Técnica, la Economía, la Investigación, el Derecho, la Educación, la Sanidad y la Cultura para que, en paridad con los demás, aporten sus conocimientos, sus experiencias y su capacidad de analizar, sistematizar y exponer. Sin el saber no hay más proyecto que la barbarie institucionalizada.

 ¿Para qué?

      El objetivo de la convocatoria es doble:

      1. Que la mayoría social, por su propio impulso, por su propia voluntad y por su creciente toma de conciencia devenga en un Frente Cívico que teniéndose a sí mismo como referente, abra paso a una situación de plenos derechos económicos y políticos junto con unas relaciones personales y sociales fundamentadas en la ética cívica. Un Frente Cívico que tenga como protagonista al ciudadano y a la ciudadana; es decir a las personas conscientes de que sus deberes son los derechos de los demás y viceversa.

      2. Constituir un referente de poder ciudadano que induzca de manera creciente a los poderes públicos a legislar y gobernar en beneficio exclusivo de la mayoría. El proceso que conduce a estos dos objetivos pudiéramos considerarlo como un proceso constituyente de la mayoríasocial constituida como tal.

 ¿Cómo?

      Permítanme, aún a riesgo de alargarme, que les exponga un símil. Imaginen que estamos ante un gigantesco mapa de España totalmente en blanco. Si por cada persona con voluntad de luchar o por cada organización, colectivo o asociación de cualquier índole ponemos un alfiler en el mapa, estaríamos ante un gigantesco acerico, pero nada más. Sería como una yuxtaposición de yos pero sin estructura alguna. Imaginen que con paciencia y un lápiz, vamos uniendo entre sí a todos los alfileres clavados en el mapa. Al terminar surgirá ante nosotros una red, un tejido, una estructura. Los yoshan dado paso al nosotros.

      ¿Qué tipo de cemento social, qué tipo de propuesta qué tipo de ideario es capaz de producir en los integrantes, dispersos y aislados de la mayoría, la asunción del nosotros, la mayoría? La respuesta es obvia: un Programa, una propuesta concreta, un objetivo, en principio cercano y necesario.Especifico las características que le atribuyo al mismo:

      1. Concreto, inmediato, acorde con las necesidades más perentorias y urgentes de los más desfavorecidos de la mayoría.

       2. Aplicable de inmediato como garantía, prenda y estímulo de la alianza que se pretende.

      3. Perfectamente factible, desarrollable y legal por inspirarse en el texto constitucional vigente. Ruego a los lectores que mediten un momento sobre los contenidos de los Títulos Preliminar y II de la vigente Constitución. El inicio de un programa debe insertarse en la legalidad vigente; el futuro ya irá produciendo sus contradicciones. Por otra parte, el programa debe ser capaz de generar la fuerza social que democráticamente lo haga cumplir.

     4. Un programa en el que cada medida, por simple que parezca, lleve en su formulación la exigencia de un paso siguiente, de una propuesta inmediatamente posterior, que permite su realización.

     5. Un programa que por su lógica interna hace imprescindibles los apoyos mayoritarios y la formación de conciencia colectiva tanto para su defensa como para su implantación.

    6. Elaborado colectivamente. El autor de estas líneas tiene una amplia experiencia de cómo esto es posible si los que más puedan aportar son conscientes de que la velocidad de un convoy es la de su último elemento.

    7. La elaboración colectiva consigue, en un determinado nivel de su desarrollo, ir ganando en complejidad, accesibilidad, interés y participación.

      8. Que con el tiempo y/o la coyuntura, termine siendo una Alternativa fundamentada, pueda superar el marco actual de relaciones, equilibrios e incluso forma de Estado.

     9. Un programa que por su incidencia en la actualidad, atraiga inmediatamente los apoyos necesarios no sólo para su elaboración sino para una movilización ciudadana consecuente, seria, decisiva y decisoria.

    10. Si en cada localidad, personas, colectivos y grupos se unen a los demás para elaborar conjuntamente, convocar a la ciudadanía, movilizar, salir a la opinión pública y en general crear una estructura reticular, la mayoría comenzará el proceso de su toma de conciencia.

    11. En todo el proceso hay que prevenir que nos asalte el mal de nuestros tiempos: la prisa. Este proyecto -si quiere construirse con musculatura y solidez- debe rehuir la tentación de cotizar permanentemente en la bolsa mediática. El arranque de los trabajos será en muchos casos súbito y arrollador; sin embargo hay que saber moderar el tiempo. La Política, la consolidación de proyectos sociales con peso e influencia, no pueden ser flor de dos telediarios; el silencio y la discreción programados ayudan a crecer. Tiempo, constancia, voluntad y conciencia de lo que se quiere son, incluso en esta época de novedades permanentes, la única garantía de proyectos serios.

     Al final de este documento y como ponencia para iniciar los trabajos, incorporaré una propuesta de de diez puntos que ya en otras ocasiones he presentado.
Cuestiones de estructura organizativa.

      En estos días mi teléfono personal y las entradas al blog del colectivo Prometeo han superado las cotas más impensables. Las personas se ponen a mi disposición esperando quizás que se les ubique en una tarea, responsabilidad o misión. Por realismo (en mí esa palabra nunca ha significado claudicación) debo informar de la situación.

     Yo habría podido dirigirme al PCE o a IU demandando infraestructuras, canales organizativos y ayudas de cualquier tipo; no lo he hecho. Mi concepción de este proyecto se basa en la total independencia de cualquier tipo de organización. El precio a pagar por ello, como el de la Libertad o el de la Dignidad, incluye la precariedad de medios, instrumentos y capacidades organizativas. En los momentos en los que redacto, sólo tenemos el blog (con el permiso de los compañeros de Prometeo), la promesa de determinados colectivos de ponerse en marcha inmediatamente y mi voluntad de que esto avance, se consolide y produzca un giro total en la vida española. Sin embargo, y como propuesta, avanzo algunas ideas organizativas que mi experiencia en la elaboración colectiva de otras épocas se han constatado como correctas, prácticas, flexibles y muy democráticas:

      1. Creo que la organización por incipiente que sea debe atenerse a una estructura geográfica de comarcas, provincias, comunidades y Estado español

        2. Lo que articula el funcionamiento es la elaboración, discusión y explicación del programa.

       3. En cada lugar, en cada nivel o en cada área de especialización temática el funcionamiento debe ser abierto pero centrado en la concreción de la propuesta que se trate.

      4. Todo lo demás depende del trabajo voluntario y libremente aceptado. No tenemos más que una voluntad firme para que este horror acabe y nuestros y nietos tengan algo en lo que enraizarse y vivir.

      5. Aquí no hay prebendas, cargos, honores o distinciones, Aquí solamente hay trabajo, ilusión y deseo de ser útiles.

     6. Con el paso de los días, tal vez un mes o dos, desde la estructura de coordinación que tengamos, informaremos de la marcha de los trabajos.

      7. La elaboración de programa no es un laboratorio de ideas, propuestas y proyectos sino también un centro de movilización para difundir, defender y ganar adeptos al trabajo. Por supuesto que en la medida que esto cuaje deberemos, con inteligencia, usar del poder que tengamos para influir en la marcha de las cosas.

 El Referente

     Como es sabido, en Sabadell me ofrecí como referente para este proyecto. Quiero que mis palabras queden nítidas y en consecuencia eviten interpretaciones sesgadas y basadas en hipótesis hijas de la falta de claridad.

      Un referente es aquella persona que por su proyección social o mediática puede, en un determinado momento, simbolizar el proyecto siquiera en sus inicios. En mi caso esa proyección ha sido consecuencia de una acción pública en el pasado y el presente. Ya no hay más.

      Si este proyecto arranca, se consolida y crece, el referente será el proyecto mismo, otros hombres y otras mujeres. Me habré ganado el descanso.

     No seré cargo público o tendré presencia en la vida institucional. Son tres las razones: mi edad, mi salud y la verdad de que nunca segundas partes fueron buenas.

      En esta etapa inicial seré la referencia pública para explicar el proyecto, defenderlo, impulsarlo y trabajar en él y todo ello a expensas de las decisiones que se tomen por el propio proyecto cuando este se consolide y tenga órganos de coordinación. Ello me supondrá un esfuerzo y una dedicación que en absoluto puede consistir en ir de la ceca a la meca como espectáculo mediático para ganar audiencias o confortar egos.

     Actos públicos los justos y bien dosificados. Estas son las condiciones de mi contrato. A trabajar, organizar, luchar y consolidar la mayoría. Un abrazo fraternal.

 Programa- ponencia para iniciar los debates y la elaboración colectiva.

      Nota.- El presente listado de propuestas no tiene otro objetivo que servir de materia concreta para el inicio del debate y la elaboración a llevar a los otros y en su momento a la opinión pública. Cuando se redactó se tuvieron presentes las características que sobre el Programa he escrito antes. Insisto que sólo es un material para comenzar.

1. Salario Mínimo Interprofesional (SMI) de 1.000 euros al mes. Esta cantidad es exactamente el 72% de la media de los seis países de la UE que lo tienen más alto: Luxemburgo (1610 euros), Irlanda (1.462 euros), Holanda (1.357 euros), Bélgica (1336 euros), Francia (1321 euros), Gran Bretaña (1.148 euros)

2. Ninguna pensión por debajo del SMI.

3. Extensión y ampliación de la prestación por desempleo. Todo lo anterior puede servir también para abordar con presupuestos concretos la posibilidad de la Renta Básica.

4. Reforma Fiscal: progresividad, persecución del fraude fiscal, la economía sumergida y los paraísos fiscales. Revisión de la legislación sobre las Sociedades de Inversión de Capital Variable (SICAV). Dotar de infraestructuras de todo tipo a la Inspección de Fiscal de la Hacienda Pública.

 5. Banca pública como corolario de la nacionalización de la banca privada y las cajas de ahorros.

 6. Nacionalización de los sectores estratégicos de la economía. Ley sobre la Obsolescencia programada.

 7. Desarrollo de los contenidos de los Títulos Preliminar y VII de la Constitución.

8. Control y democratización de los canales de distribución y comercialización del sector primario de la economía a fin de evitar situaciones de oligopolio que inciden negativamente sobre los precios pagados a los productores y sobre los precios pagados por los consumidores.

 9. Efectiva separación entre las iglesias y el Estado.

 10. Reforma del Sistema Electoral en el sentido de implantar otro proporcional, con las CCAA como circunscripción y un colegio nacional de restos.

martes, 27 de noviembre de 2012

Acto por la salida de la UE, Euro, OTAN




¿Sabes cuántos millones se van a recortar en educación por mandato de la UE? ¿Te has preguntado alguna vez cómo afecta el euro a nuestro día a día? ¿Sabrías responder si te preguntan cuántas bases militares hay en España y qué gasto suponen?

La Unión Europea, su moneda el Euro y la OTAN parecen entes abstractos de escala internacional que poco o nada tienen que ver con nuestras vidas. Lejos de ello, estas dos organizaciones y esta moneda aprueban y dirigen acciones y normas que condicionan nuestros estudios, nuestros medios y hasta nuestro trabajo.

Somos conscientes de que muy poca gente sabe sobre la UE, el Euro y la OTAN o al menos muy poca gente sabe algo de la verdad de estos organismos. ¿Por qué se creó la OTAN? ¿Y la Unión Europea? ¿Si representan a ''todos'' por qué la Unión Europea manda aprobar leyes que recortan en derechos, educación, sanidad....?

¿Quieres saber más? ¡Acude! Jueves 29 de noviembre a las 13:00 en el Aula 9.2.4 de la facultad de Ciencias Sociales y Jurídicas de la Universidad Carlos III (Getafe)

<M> Juan de la Cierva (línea 12, metrosur) Cercanías Las Margaritas-Universidad (C-4) Autobús 441 y 442 parada El ventorro-Universidad.

Si tienes dudas de cómo llegar, sobre el acto o quieres ampliar conocimientos no dudes en contactarnos:


Universidad Carlos III
C/ Madrid, 126 - 28903, 28903 Getafe, Madrid
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lunes, 26 de noviembre de 2012

La izquierda catalana y el “derecho a decidir”: ¿soberanía nacional o nuevas formas de sumisión al imperialismo?

Acabo de leer artículo muy interesante que critica de un modo bastante constructivo y marxista todo lo que está ocurriendo actualmente en Cataluña. Lejos de chovinismos patrioteros, de comparaciones facilonas entre nacionalismo catalán y nazismo y de otras cosas más casposas como las puñeteras banderitas esas del logotipo de Osborne, cuando nosotros criticamos al nacionalismo de CiU y compañía lo hacemos con la cabeza y no con los cojones toreros como hacen los demás.



Dentro artículo:


 «El nacionalismo militante de la burguesía, que embrutece, engaña y divide a los obreros para hacerles ir a remolque de los burgueses, es el hecho fundamental de nuestra época» Lenin, Notas críticas sobre la cuestión nacional.

Introducción: cuando la izquierda abandona el internacionalismo
 
¿Una nación puede ser verdaderamente libre coexistiendo con el sistema imperialista que oprime a los pueblos? ¿La verdadera independencia de una nación implica necesariamente la separación y nuevas fronteras, o bien la separación representa una escenificación para someter la nación a otro poder extranjero, a cambio de algunos beneficios para las clases dominantes que promueven el movimiento nacional? 

«Mudar de señor no es ser libres» escribió sarcásticamente Quevedo cuando la oligarquía catalana a través de la Generalitat dirigida por Pau Claris rompió con la corona de España en 1641 y reconoció al rey de Francia –el Borbón Luis XIII– como su señor, otorgándole el título de Conde de Barcelona y soberano del Principado, en una aventura que finalizó con la anexión francesa de una parte de Cataluña mediante el Tratado de los Pirineos. Hoy se diría a los que desde la izquierda promueven el “derecho a decidir” en Cataluña –buscando la protección de Bruselas o Berlín– que «mudar de imperialismo no es ser libres».

En Cataluña, la mejor tradición de la izquierda revolucionaria, simultáneamente nacional e internacionalista, planteaba que el derecho de autodeterminación era una solución estéril, contraria a los intereses del pueblo de Cataluña y de la nación catalana –y de cualquier otra– si no se vinculaba con el contexto de la lucha antiimperialista. El dirigente comunista Joan Comorera, uno de los fundadores del Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC) –muerto en las cárceles franquistas por luchar por la libertad de Cataluña y de España–, fue uno de los que mejor supo vincular la cuestión nacional catalana con el internacionalismo revolucionario y la transición al socialismo. Aplicando a Cataluña las ideas de Lenin al respecto, Comorera consideraba reaccionario y contrario a los intereses de los trabajadores desvincular el problema nacional concreto de Cataluña de la lucha general contra el imperialismo:

«Cataluña es una nación. Pero Cataluña no puede aislarse. La tesis de que Cataluña puede resolver su problema nacional como un caso particular, desentendiéndose y hasta en oposición al problema general del imperialismo y de la lucha del proletariado, es reaccionaria. Por este camino se va a la exageración negativa de las peculiaridades nacionales, a un nacionalismo local obtuso. ¡Por este camino no se va hacia la liberación social y nacional, sino a una mayor opresión y vejación!» (1).

Las causas de la opresión y explotación de los trabajadores y el pueblo de Cataluña eran las mismas que afectaban a los trabajadores y el pueblo de España: la oligarquía española –incluyendo la gran burguesía catalana y vasca– y el imperialismo internacional. Por este motivo, Comorera planteaba la necesaria unidad de los pueblos y los trabajadores del Estado en torno a la reivindicación de la República Popular española como marco común donde se conseguirían las libertades para Cataluña:

«Por tanto, compañeros, el camino a seguir para Cataluña no ofrece dudas. Únicamente la República Popular de España dirigida por la clase obrera permitirá a Cataluña el pleno y libre ejercicio de su derecho de autodeterminación. Únicamente la República Popular de España dirigida por la clase obrera, garantizará el respeto estricto y absoluto a la expresión de su voluntad soberana. (…) Y esta República Popular dirigida por la clase obrera, sólo la podrá conseguir Cataluña luchando en fraternal unión con los otros pueblos hispánicos» (2).

Rompiendo con este principio internacionalista y revolucionario, la mayoría de las organizaciones políticas y sindicales de la izquierda catalana consideran que ahora es el momento adecuado para plantear, como reivindicación prioritaria, la consigna del “derecho a decidir”. A partir de la democracia general y abstracta –como si las clases dominantes y las oligarquías imperialistas pudieran tolerar más democracia y “derecho a decidir” que el que les beneficia– los ciudadanos catalanes podrían escoger libremente el futuro político de Cataluña, incluyendo la eventual creación de un nuevo Estado. 

Todo el debate político actual se ha desplazado a planteamientos sobre la forma que debe adoptar el Estado español y Cataluña, como si se pudiera hacer abstracción de la posición que los poderes dominantes obligan a ocupar a Cataluña y España dentro del conjunto de los países imperialistas, que se relacionan de forma estrictamente jerárquica entre los dominantes ­­–Estados Unidos, Alemania y Japón, principalmente Estados Unidos– y los más dependientes como Italia, Portugal, Grecia, España… y Cataluña. Además, la dependencia se acentúa con la crisis dado que las decisiones más importantes se toman sobretodo en Bruselas y Berlín, donde se dictan estrictamente las políticas a seguir, de tal modo que los países dependientes se convierten en caricaturas de Estados al perder la mayor parte de su soberanía nacional: son simplemente unos Estados vasallos sometidos a la división internacional del trabajo dictada por Alemania y las otras dos potencias imperialistas dominantes. La inserción de la Unión Europea en un mercado capitalista mundial en crisis, convulsionado por las luchas entre las diferentes potencias imperialistas y por la irrupción de países más independientes como los llamados BRICS ­–Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica–, se realiza bajo la hegemonía política de Alemania, país que ha elaborado desde hace décadas una estrategia de fomento de los diferentes movimientos nacionalistas y étnicos para reestructurar la Unión Europea exclusivamente en provecho propio y en detrimento de otras oligarquías competidoras como la de Francia. El “derecho a decidir” para Cataluña y otras regiones de Europa, como Escocia o Flandes, independientemente de los sentimientos populares y del idealismo que despierta en una buena parte de sectores populares catalanes que sienten la necesidad de ejercer un derecho democrático, no sería más que una estrategia adoptada por la burguesía nacionalista catalana que busca mejorar su posición dentro del sistema imperialista, de común acuerdo con la estrategia elaborada por la Europa alemana.

El lugar que ocupan España y Cataluña en el mundo

La contradicción principal de nuestra era es la que enfrenta al imperialismo con los pueblos oprimidos que luchan por librarse del dominio imperialista y de un mercado capitalista mundial disputado por los tres polos imperialistas dominantes, puesto que de esta contradicción nacen los movimientos populares y las revoluciones actuales. 

Las corporaciones y grandes grupos económicos -tanto financieros como industriales- que dominan la economía mundial, a excepción de algunos pocos países independientes que tratan de controlar y gestionar en su provecho la entrada de capital extranjero, se articulan en cadenas económicas transnacionales –acertada descripción cuya autoría recae en el marxista italiano Gianfranco Pala (3)– a partir de eslabones constituidos por diferentes capitales nacionales –ya sean de las industrias o las finanzas, o un híbrido de ambos– asociados de forma jerárquica dentro de las cadenas, y donde el capital se centraliza o se descentraliza y se establece en red en función de sus necesidades. Estas cadenas se estructuran como monopolios y oligopolios imperialistas mundiales que compiten entre ellos, lo que no excluye alianzas puntuales en función del contexto económico global. La relación de estas cadenas transnacionales con los Estados y naciones que atraviesan y con las instituciones supranacionales viene dada por el porcentaje de los diferentes capitales nacionales en estas cadenas, por la competencia entre éstas en cada país y grupo de países, y por la influencia que un Estado determinado tenga –en términos militares, o de “persuasión” económica sobre otros socios, por ejemplo, a través del control que Alemania tiene de la deuda externa de Grecia y España o sobre el euro– para defender los intereses de su oligarquía dentro de estas cadenas. 

La soberanía nacional, en el contexto del imperialismo actual, así como el papel de los Estados nacionales, no se corresponde ya con su función clásica de defensa del mercado nacional, puesto que éste se ha internacionalizado y la soberanía se diluye en función de la posición jerárquica que los capitales y las oligarquías tengan dentro de las diversas cadenas imperialistas. El dominio final, no obstante, corresponde siempre a las tres potencias imperialistas principales -Estados Unidos, Alemania y Japón-, y las diferentes soberanías nacionales de los imperialismos dependientes se transfieren a instituciones situadas sobre los Estados y supervisadas por los “tres grandes”, ya sean instituciones públicas y formalmente “democráticas”, o privadas y cerradas a cualquier “injerencia” de los ciudadanos.

Los diferentes Estados imperialistas se transforman de esta manera en oficinas de defensa y gestión de los diferentes capitales nacionales articulados dentro de estas cadenas, por tratar de mejorar su posición dentro de la jerarquía imperialista. Las instituciones europeas y mundiales que pretenden regular el mercado capitalista mundial representando intereses diversos –como la Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional, el G-8, la Cumbre Asia-Pacífico, el Foro Transatlántico, la Organización Mundial del Comercio, etc.–, son las instituciones donde los representantes políticos de las diferentes oligarquías imperialistas –a veces con la presencia de otros países independientes como China, países latinoamericanos y asiáticos, etc.– discuten “democráticamente” y a la vista del público, pero indudablemente existen otros foros y otros mecanismos, opacos y ajenos a la vista indiscreta de la opinión pública, donde se toman decisiones y se resuelven conflictos de forma poco ortodoxa entre los diferentes poderes imperialistas.   

Dentro de estas cadenas imperialistas se inserta el Estado español y también Cataluña, exactamente en el lugar que les han obligado a ocupar los imperialismos dominantes: especialización en turismo, especulación urbanística y financiera, mano de obra barata, y en el caso de Cataluña y Euskadi, pequeñas y medianas industrias que son competitivas dentro de las cadenas transnacionales y complementan a las grandes corporaciones. Es importante remarcar que Cataluña o Euskadi –y en menor medida otras zonas más pobres del Estado al igual que la totalidad de España– forman parte del mundo imperialista occidental. No son naciones oprimidas sino naciones opresoras –por supuesto, no al mismo nivel que Estados Unidos, Alemania o Francia porque no tienen el mismo poder y sólo pueden contentarse con las sobras–, en la medida en que sus burguesías y sus sociedades –principalmente las más desarrolladas como la catalana o la vasca– pretenden beneficiarse o se han beneficiado de la pertenencia a una parte del mundo, el occidente capitalista, que domina y explota a los países del llamado tercer mundo a través del neocolonialismo, la deuda externa, el intercambio desigual y el chantaje político o las guerras de la OTAN. Históricamente, tanto España como Cataluña o el País Vasco se beneficiaron del imperio colonial español desarrollando su industria, su comercio y sus finanzas, recibiendo materias primas baratas o traficando con esclavos. Pero la inserción de España dentro de las cadenas imperialistas internacionales se realiza desde la dependencia a otros capitales dominantes, dependencia que se hace sentir duramente con la crisis capitalista actual. 

La persistencia de la crisis capitalista y la intensificación de la competencia económica mundial genera desasosiego y pánico a las burguesías más dinámicas y prósperas del país, catalanas y vascas. Paralizadas por el estancamiento de España, ven peligrar sus intereses y buscan otras opciones dentro de las cadenas imperialistas internacionales que no pasen por la dependencia hacia una oligarquía española en retroceso: buscan mejorar sus posiciones dentro de la jerarquía global imperialista y de la nueva división internacional del trabajo que se está realizando por la crisis capitalista mundial. Y a pesar de que una gran parte de trabajadores y sectores populares y militantes de formaciones políticas tengan una idea muy diferente al respecto, sólo es en este contexto donde se puede practicar el famoso “derecho a decidir”.  

¿Es posible ejercer el “derecho a decidir” en el seno del imperialismo?

Separarse no significa necesariamente independencia y libertad: muchas veces puede significar su contrario. El derecho de autodeterminación de las naciones siempre ha sido un derecho reconocido y defendido por la izquierda revolucionaria, transformadora. Y, efectivamente, sigue siendo un derecho a defender en contextos de una opresión nacional. Pero este ejercicio aparentemente democrático y justo también puede convertirse en su contrario y ser utilizado por el imperialismo para sus propios fines de opresión nacional mucho más terrible: en 1861 la Confederación del Sur de Estados Unidos apeló al “derecho a decidir” para separarse del Norte, mantener el poder de los terratenientes y someter a los negros a la esclavitud; Hitler utilizó en 1938 el derecho de autodeterminación teóricamente para «proteger» a la minoría alemana de Checoslovaquia «oprimida por la mayoría checa», pero en la práctica se apoderó de los Sudetes y después de todo el país, esclavizando a los checoslovacos; en la región de Katanga situada en el Congo, en 1960 los imperialismos belga y norteamericano promovieron la secesión de esta rica región minera tras el triunfo del dirigente revolucionario Patrice Lumumba; durante los años 90 del siglo pasado, el imperialismo norteamericano y europeo –y sus cómplices entre la izquierda occidental– esgrimieron el derecho de autodeterminación en Yugoslavia para justificar las injerencias imperialistas y las bombas de la OTAN contra aquel país multinacional: la vergüenza de Kosovo –modelo que muchos independentistas catalanes anhelan para Cataluña–, que ha pasado a ser una región autónoma de Serbia a una semi-colonia de la OTAN después de contar miles de víctimas civiles –con un presidente acusado de traficar con órganos humanos, drogas y prostitución–, es la prueba más palpable de que las libertades nacionales son incompatibles con el imperialismo. 

Lenin, Comorera y el PSUC histórico sabían perfectamente que el derecho de autodeterminación es un espectáculo de fuegos artificiales o, peor aún, un vehículo de mayor opresión nacional y contra los trabajadores si no se supedita lo particular –las reivindicaciones nacionales– a lo general –la lucha contra el imperialismo en la perspectiva de avanzar al socialismo–, y por ello rechazaban apoyar indiscriminadamente a todo movimiento democrático, como el de autodeterminación, cuando podían favorecer de alguna forma al imperialismo. Lenin lo explicó de esta manera:

«Las distintas reivindicaciones de la democracia, incluyendo la de la autodeterminación, no son algo absoluto, sino una partícula de todo el movimiento democrático (hoy socialista) mundial. Puede suceder que, en un caso dado, una partícula se halle en contradicción con el todo; entonces hay que desecharla. Es posible que en un país el movimiento republicano no sea más que un instrumento de las intrigas clericales o financiero-monárquicas de otros países; entonces, nosotros no debemos apoyar ese movimiento concreto. (…) No hay ni puede haber una sola reivindicación parcial de la democracia que no engendre abusos si no se supedita lo particular a lo general; nosotros no estamos obligados a apoyar ni “cualquier” lucha por la independencia, ni “cualquier” movimiento republicano o anticlerical» (4).

Desmarcándose de esta tradición, la mayoría de la izquierda catalana –hoy nacionalista– considera progresista y favorable para Cataluña situar en estos momentos el “derecho a decidir” o de autodeterminación dentro del marco del imperialismo internacional, independientemente de que el poder real esté concentrado de forma absoluta en manos de las diferentes oligarquías, las multinacionales y los grandes bancos y corporaciones –formas que adopta el capital monopolista–, las instituciones como el Fondo Monetario Internacional, Wall Street, la OTAN, el Banco Central Europeo y otras muchas instituciones, públicas o clandestinas, cerradas al control de los trabajadores y la mayoría de la ciudadanía, que impone una disciplina de hierro a los Estados vasallos y dependientes como España, Portugal, Grecia o Italia entre otros. Y se trata del imperialismo real, ejercido por los poderes dominantes dentro de la Unión Europea, Estados Unidos y sus instituciones de la mundialización capitalista y de las guerras genocidas fuera de Europa –apoyadas por parte de la izquierda mal llamada “soberanista”–, no del imperialismo de pacotilla, decadente, segundón y hasta semicolonial que es hoy el español. Frente a esta política nacionalista, Comorera había planteado muchos años antes la tesis irrefutable de la incompatibilidad de la soberanía nacional bajo el dominio de los monopolios capitalistas:

«La soberanía nacional y el capitalismo monopolista son incompatibles y su consecuencia lógica, la recuperación de la soberanía por la nación, supone la liquidación previa del capitalismo monopolista, es decir, como primera medida, la nacionalización de los monopolios» (5). 

Afirmar que las libertades nacionales se pueden adquirir bajo el dominio imperialista, que saquea, oprime y extermina pueblos, –los últimos: Costa de Marfil, Libia, Siria y Palestina– por defender sus libertades nacionales, es erróneo políticamente y sólo lleva a un lavado de cara al imperialismo opresor de los pueblos. Como efecto secundario, se crea la falsa ilusión de que vivimos en un sistema democrático “puro” y neutral, que puede beneficiar a toda la ciudadanía por igual, alimentando las falsas ilusiones de muchos trabajadores de que dentro de la Unión Europea se va a solucionar la crisis y los problemas que les afectan. Pero cuando las instituciones imperialistas disfrutan de un poder absoluto y convierten a los gobiernos “democráticos” –incluso en la “civilizada” Europa– en simples funcionarios que deben aplicar sus órdenes –y cuando no las cumplen se perpetran golpes de Estado blandos, como en Italia y Grecia– resulta curioso suponer que estas mismas instituciones permitan ejercer un “derecho a decidir” real y auténtico que vaya más allá del formalismo de unas nuevas fronteras y de una nueva estrella en la bandera de una Unión Europea imperialista, en la que, por otra parte, se siente tan a gusto una buena parte de la izquierda de nuestro país. 

Cataluña: ¿nuevo Estado capitalista en Europa?

Partiendo de la legitimidad que tienen los pueblos a ejercer su derecho de autodeterminación y del rechazo a toda forma de opresión o discriminación nacional, es preciso recordar que no existen derechos ni deberes en abstracto, desconectados de la realidad social y económica, que no tengan un carácter de clase. Es decir, tales derechos jamás pueden beneficiar simultáneamente –excepto en momentos puntuales de la historia– a los grupos o clases sociales que tienen intereses diferentes: las elites económicas constituidas por la gran burguesía y los trabajadores; los pequeños comerciantes y los dueños de las grandes superficies comerciales, o bien a los neoliberales que defienden los intereses privados con la izquierda que defiende el sector público universal. 

La izquierda mayoritaria, reformista –que hasta el momento no tenía mayores pretensiones ideológicas que la teorización de un “capitalismo humanitario” quimérico, aunque sostenible y ecológico, ni mayores pretensiones políticas que tratar de frenar, a toro pasado, las sucesivas oleadas políticas de recortes y austeridad– así como otras organizaciones de extrema izquierda –por muy buena voluntad que tengan– han visto la ocasión de oro para arañarse unos votos entre ellas sumándose a un movimiento promovido, dirigido y hegemonizado por la burguesía y la oligarquía nacionalistas y reaccionarias, organizadas en Convergència i Unió (CiU) y sus organizaciones y asociaciones satélites, que disfrutan del respaldo absoluto de muchos medios de comunicación, públicos y privados, para construir su hegemonía reaccionaria sobre el pueblo de Cataluña. Se trata de una fuerza política –como el PP y en gran medida el PSOE– radicalmente pro-imperialista, pro-sionista, neoliberal y promotora de privatizaciones, recortes sociales, reformas laborales y guerras imperialistas genocidas. No sólo eso, sino que la izquierda parlamentaria vota a favor de propuestas de CiU, y casi toda la izquierda participa en manifestaciones y actos públicos promovidos por esta misma fuerza política apoyando su concepto de “derecho a decidir”. Muy poca memoria histórica tiene esta izquierda, así que recordemos la caracterización tan exacta que hizo Comorera de esta burguesía a la que hoy se considera tan democrática y digna de apoyo total:

«La burguesía catalana no intentó ponerse más caretas y se pasó abiertamente al campo de la anti-España, de la anti-Cataluña. Fue una fuerza más de las clases y castas que han oprimido a los hombres y los pueblos hispánicos, que han hecho siempre de la opresión nacional uno de sus objetivos principales, históricos. Nuestra burguesía conspiró con los militares traidores, con los fascistas y los nazis contra la República y tomó parte activa en la sublevación del 18 de julio. La burguesía catalana ha sido y continua siendo una de las principales fuerzas del régimen franco-falangista» (6).

La izquierda nacionalista entiende que ahora es el momento de plantear estrategias comunes con la gran y pequeña burguesías secesionistas, lo cual puede acarrear efectos devastadores en la lucha de clases. Quizás todas las gesticulaciones en torno al “derecho a decidir” acaben reducidas a una teatralización que le permitan a la burguesía catalana mayor margen de maniobra frente a Madrid, como ha sucedido tantas veces. Pero de momento han tenido el efecto de desviar a un discreto segundo plano las políticas de austeridad, privatizaciones, recortes sociales, reformas laborales, y graves acusaciones de corrupción contra CiU que erosionaban a esta fuerza política. El debate se ha polarizado, de esta manera, en torno a la cuestión nacional, donde las propuestas estrellas de las diferentes organizaciones políticas se centran en el aspecto formal, el modelo de Estado –autonómico, federal, confederal o la secesión de Cataluña– pero, excepto por las opciones minoritarias de izquierdas, se habla poco del contenido real de ese Estado, que implica en definitiva asumir que el poder seguirá siendo ejercido por las mismas elites de siempre. 

Con la apuesta nacionalista de buena parte de la izquierda catalana, continuidad natural de otros frentes establecidos con CiU por el nuevo Estatut de Cataluña o por el llamado pacto fiscal –que significa concederle el poder a la burguesía catalana sobre la totalidad de la riqueza pública generada por los trabajadores–, se le ha dado oxígeno a esta fuerza política a costa de erosionar gravemente la independencia política de las organizaciones de izquierda, de la clase obrera y los sectores populares catalanes, una estrategia –la priorización del “derecho a decidir” al lado de la gran burguesía– denunciada hace mucho por Lenin: 

«No hay una sola de estas reivindicaciones que no pudiera servir, y que no haya servido en ciertas circunstancias, de instrumento de engaño de los obreros por parte de la burguesía. Destacar en este sentido una de las reivindicaciones de la democracia política, o sea, la autodeterminación de las naciones, para contraponerla a las demás, es radicalmente falso desde el punto de vista teórico. En la práctica, el proletariado sólo puede conservar su independencia subordinando su lucha por todas las reivindicaciones democráticas, sin excluir la república, a su lucha revolucionaria por el derrocamiento de la burguesía» (7). 

La cuestión nacional en Cataluña y en España ha cambiado sustancialmente a lo largo de la historia. Es evidente que no es la misma hoy que había bajo el franquismo –donde Cataluña y otros pueblos, incluyendo el español, venían de sufrir terribles opresiones nacionales, culturales y sociales– ni bajo la I o la II República, donde había espacios de libertades nacionales. Y es también evidente que las fuerzas que impulsan y dirigen hoy el movimiento nacional en Cataluña –las fuerzas reales, no las subalternas que van tras ellas– no tienen nada que ver con aquellas fuerzas que lo hacían 30, 50 o 80 años atrás. No estamos en los tiempos de la década de 1840, en los que se gritaba durante las insurrecciones obreras de Barcelona las consignas de «República catalana» y «Estado catalán» (8). Tampoco estamos en la década de 1930, cuando, en palabras del historiador Pierre Vilar «el catalanismo era político y burgués. La catalanidad era sentimental, popular, cosa de campesinos, tenderos, artesanos, empleados, sacerdotes, maestros. Sus intérpretes fueron Macià y Companys» (9). Ni tampoco nos encontramos en 1936, cuando el PSUC disputó a la pequeña y mediana burguesía de Esquerra Republicana de Catalunya la dirección del movimiento nacional catalán desde una perspectiva proletaria. Pero la izquierda nacionalista parece haber olvidado la historia y con ella otro principio fundamental que vinculaba la cuestión nacional y la de clase:

«En diferentes épocas salen a la palestra diferentes clases, y cada clase entiende a su manera la “cuestión nacional”. Por consiguiente, la “cuestión nacional” sirve en las distintas épocas a distintos intereses y adopta distintos matices según la clase que la promueve y la época en que se promueve.» (10)

¿Qué clase social domina hoy la cuestión nacional en Cataluña y en España? ¿A qué intereses sirve hoy la cuestión nacional en nuestro país?

Una parte de las clases dominantes españolas, la oligarquía histórica compuesta por financieros, terratenientes e industriales –de la que forman parte también catalanes y vascos– tradicionalmente defensora de un centralismo monárquico y reaccionario, cuando no fascista, y propensa a resolver la cuestión nacional incrementando la opresión y la supresión de libertades nacionales, ve con recelos el movimiento político de la burguesía catalana nacionalista, que promueve nuevas formas de sumisión al imperialismo que no pasen por Madrid. Sus ramificaciones en Cataluña incluyen tendencias antinacionalistas, lerrouxistas, antiautonomistas y fascistas, que buscan capitalizar el descontento de muchos trabajadores por el giro nacionalista de la izquierda. Algunas de ellas representan la tradición de la clase oligárquica española que, desde Fernando VII hasta Franco –con los breves momentos de las revueltas liberales y las dos Repúblicas– han sometido a los pueblos de Cataluña y España, y a los obreros y los campesinos, a regímenes opresivos, brutales, reaccionarios, caciquiles y dictatoriales con el objetivo de defender sus intereses de clase a cualquier precio. 

En Cataluña los intérpretes privilegiados de esa antigua «catalanidad popular» ya no son los dirigentes de Esquerra Republicana. Se han apoderado de ella, casi de forma absoluta, las familias oligárquicas nacionalistas, desviando el descontento de los catalanes por las políticas antisociales hacia el sentimiento nacionalista e identitario,  desplegando la bandera del falso independentismo. La burguesía nacionalista, y dentro de ella los sectores más reaccionarios y pro-imperialistas, utiliza políticamente el movimiento nacional en marcha agitando un eventual secesionismo. Este sector de la gran burguesía ha sabido movilizar a amplios sectores de la sociedad explotando hábilmente el cansancio por la ausencia de alternativas reales a las duras políticas de ajuste, austeridad y recortes sociales; el sano y positivo sentimiento patriótico y de apego al país de muchos catalanes; la convulsa y muchas veces injusta relación histórica de España hacia Cataluña, que acumuló muchos resentimientos nacionales; los rencores provocados por decisiones políticas de los sucesivos gobiernos centrales y, finalmente, el sentimiento de odio hacia la España pobre y subdesarrollada –sintetizado en un antiespañolismo visceral– que tradicionalmente ha sido el ADN del nacionalismo reaccionario de sectores de la burguesía y la pequeña burguesía para los cuales la Europa rica es el espejo hacia el que mirarse. Como expresó Artur Mas, el presidente actual de la Generalitat tras la histórica manifestación nacionalista del 11 de septiembre, traduciendo el estado de ánimo imperante en una mayoría de nacionalistas: «la España del norte se ha cansado de la España del sur y la Europa del norte también se ha cansado de la Europa del sur» (11). El catalanismo reaccionario tradicional, que había visto en el “charnego” pobre y emigrante su “bestia negra”, se ha transformado en la metáfora políticamente correcta que muestra a una Cataluña –al igual que la “Europa del norte”– lastrada por el atraso y la pobreza de la España del sur y “expoliada” financieramente por un Estado central que subsidia estas regiones pobres, aunque nadie de los que habla de “expolio fiscal” protestó cuando llegaron cuantiosos fondos europeos estructurales y de cohesión para España y Cataluña. Que una gran parte de la izquierda catalana se haya sumado a un movimiento de estas características dice muy poco a su favor. 

Otra de las carencias notables de gran parte de la izquierda que defiende el “derecho a decidir” en versión convergente es la ausencia de un programa de superación del capitalismo y de transición al socialismo: cuando se asume el “derecho a decidir” tal y como ha sido planteado por CiU y sin cuestionar previamente el dominio imperialista, lo que se está pidiendo en realidad –aunque sea inconscientemente o aunque se busque sinceramente lo contrario– es la creación de condiciones para la formación de un nuevo Estado capitalista dentro de la Europa imperialista, es decir, un Estado compatible con el domino de los grandes monopolios industriales y financieros, y las instituciones imperialistas que garantizan el poder de las oligarquías sobre los trabajadores y los pueblos. Un Estado, además, que seguramente será usufructado por CiU durante muchos años. De nuevo la clarividencia de Comorera resalta frente a la claudicación política:

«La separación por la separación es una idea reaccionaria, ya que en nuestro caso concreto, Cataluña, constituyéndose en un Estado independiente, saldría de una órbita de explotación nacional para caer dentro de otra igual o peor. (…) La separación por la separación no resuelve el problema nacional, porque la continuidad del imperialismo comporta la opresión nacional, progresiva, incluso de aquellas naciones que un día fueron independientes y soberanas» (12). 

Esto es tan evidente que la izquierda nacionalista no explica en ningún lugar la cuadratura del círculo que propone: cómo conseguir que los trabajadores y el pueblo de Cataluña tengan el “derecho a decidir” efectivo sobre su futuro cuando las principales fuentes de la economía del país son propiedad de la oligarquía catalana dependiente del imperialismo yanqui y alemán, o cuando el futuro del pueblo de Cataluña se encuentra enjaulado, al igual que el futuro del resto de España, en unas instituciones imperialistas que imponen milimétricamente a los gobiernos –a los gobiernos españoles, al actual gobierno autonómico catalán o a un futuro hipotético gobierno independiente en Cataluña– unas políticas que están deteriorando brutalmente las condiciones de vida de los trabajadores y del pueblo catalán, de todos los pueblos del Estado español y del resto de la Unión Europea. 

El “derecho a decidir” como estrategia del neoliberalismo y el imperialismo

El auge del nacionalismo secesionista en Cataluña no es un hecho fortuito ni aislado. Dentro de la Unión Europea una serie de movimientos nacionales, principalmente en Escocia, Flandes, el País Vasco y Cataluña –a los que se suman otras movilizaciones menos influyentes, étnicas o nacionalistas, en otras regiones– plantean cada vez con mayor insistencia la separación de sus Estados actuales, a partir de la promoción de identidades nacionales. Las fuerzas dirigentes de estos movimientos –las distintas burguesías y oligarquías nacionalistas– persiguen la formación de nuevos Estados en el seno de la Unión Europea a través de la autodeterminación, dentro del contexto de dominio imperialista, y sin cuestionar ni el capitalismo ni el poder de las elites económicas y sociales que con sus políticas están empobreciendo a los pueblos y a los trabajadores europeos. 

Por otra parte, desde las instituciones imperialistas de la Unión Europea se viene promoviendo desde hace años a los movimientos identitarios, de carácter nacionalista y étnico, y se reconoce cada vez más la legitimidad de sus reivindicaciones culturales y políticas. Desde una parte de la oligarquía europea, principalmente alemana –potencia dominante y nacionalmente homogénea en el seno de Europa–, se ve con buenos ojos este movimiento, que le permitiría debilitar a otras oligarquías históricamente más vinculadas a los viejos Estados. El derecho de autodeterminación en el seno de la Unión Europea no sería más que un vehículo para la mejor penetración del gran capital monopolista y para debilitar las oligarquías rivales dependientes. El objetivo es potenciar la creación de euro-regiones nacionales o étnicas, con personalidades políticas propias, y ligadas directamente al gobierno europeo en Bruselas. Así, una oligarquía financiera fuertemente centralizada podrá explotar con mucha mayor facilidad a unos pueblos divididos (cuando no enfrentados) y organizados en torno a etnias y nacionalidades que competirán entre ellas por atraer inversiones o por disputar mercados a otras regiones. El “derecho a decidir” no sería más que una estrategia para establecer nuevas formas de sumisión al imperialismo más provechosas para la gran burguesía nacionalista catalana de acuerdo con los intereses de la potencia dominante, Alemania.

Varias instituciones de la Unión Europea, así como fundaciones, institutos, etc., al igual que partidos nacionalistas, vienen desarrollando este proyecto desde hace décadas, bajo estricto control de Alemania en términos de financiación, dirección y creación de hegemonía en torno a las ideas etnicistas. Estas ideas tuvieron una gran resonancia en los grandes medios de comunicación y en el Parlamento Europeo, creando el sustento filosófico y político que llevó a apoyar las reivindicaciones secesionistas y étnicas en Yugoslavia y más tarde las guerras de la OTAN contra este país. 

Entre las organizaciones políticas e instituciones que se encuentran bajo la órbita alemana destacan el Partido Democrático de los Pueblos-Alianza Libre de Europa (PDPE-ALE), que trabaja con los Verdes y que cuenta entre sus animadores a Daniel-Cohn-Bendit, ex trotskista de mayo del 68 y hoy promotor de guerras genocidas por todo el mundo, desde Yugoslavia a Libia y Siria. El PDPE-ALE, del que forman parte Esquerra Republicana de Cataluña, Eusko Alkartasuna, el Bloque Nacionalista Galego o la Chunta Aragonesista, trabaja estrechamente con la Asociación de las Regiones Fronterizas Europeas (ARFE), la Unión Federalista de las Comunidades Étnicas (UFCE) que organiza congresos de comunidades étnicas y que promueve un “derecho de las minorías” en contraposición a los Estados actuales –excepto el alemán, cuya población es prácticamente un grupo nacional homogéneo–, y el European Center for Minorities Issues (ECMI), financiados por Alemania, a veces directamente desde su Ministerio de Interior. Por otra parte, los documentos clave de la construcción europea son alemanes, como la carta de las lenguas regionales o minoritarias, la convención-marco para la protección de las minorías, las cartas de la autonomía local y regional y la carta de Madrid, todos ellos orientados a garantizar la preeminencia de Alemania en Europa en el camino hacia la mundialización capitalista bajo las directrices del neoliberalismo, las privatizaciones y el libre mercado (13). 

Los viejos Estados, que durante siglos han desarrollado una dinámica de lucha de clases que ha permitido la conquista de derechos sociales y laborales, y que albergan importantes sectores públicos, incluso dominados por las oligarquías dependientes son un freno a la mundialización capitalista y el libre mercado. La resistencia de los trabajadores para frenar los retrocesos en materia de derechos sociales y laborales es mucho mayor en los Estados, donde grandes movimientos sindicales –y, ocasionalmente, partidos de izquierdas fuertes y arraigados de ámbito estatal–, suponen serias trabas a la desregulación laboral, económica y financiera que imponen los capitales imperialistas y sus servidores locales. La fragmentación de los Estados y la división y compartimentación del movimiento obrero y popular facilita la permeabilización de las políticas favorables al gran capital imperialista, dominadas por las privatizaciones, el libre mercado, la caída en picado de los salarios y la desregulación de las relaciones laborales en beneficio exclusivo de la gran patronal. Esa es una de las implicaciones del “derecho a decidir” en el contexto del imperialismo.

La alternativa republicana, popular y antiimperialista: soberanía real para Cataluña y España 

La llamada a la historia que realizan tanto los partidarios del nacionalismo español como los partidarios del nacionalismo catalán para sustentar las reivindicaciones políticas, como no podía dejar de ser, peca de un fuerte parcialismo antihistórico y mitificador. En la larga historia común de los pueblos de Cataluña y del resto del Estado desde la unificación de la corona de Castilla con la de Aragón, ha habido épocas de sintonía y épocas de conflictos, épocas de terribles opresiones nacionales y épocas de libertades nacionales. Ni la relación de España con Cataluña –y con otros pueblos como el vasco- ha sido un oasis de felicidad, ni tampoco España ha sido una perpetua “prisión de los pueblos”. Por poner un ejemplo: no fue lo mismo la España franquista que la España republicana en su mentalidad y comportamiento respecto la realidad plurinacional del Estado. Ni España ha sido desde los reyes católicos hasta hoy “una grande y libre”, ni tampoco ha sido Cataluña una nación que existe desde la noche de los tiempos y que está oprimida desde el momento en que forma parte de la corona española.

Desde el rigor científico de Pierre Vilar –historiador premiado por la Generalitat de Cataluña y a quien nadie en su sano juicio podría acusar de anticatalanismo o de complacencia con el nacionalismo español- se comprueban hechos sorprendentes para el nacionalismo: incluso la victoria de Felipe V en 1714 es cuestionable como fecha mítica de la opresión catalana, dado la nueva época de auge socioeconómico que se abrió para Cataluña: «la historiografía catalana siempre se ha visto embarazada por el siglo XVIII. Éste se abre con la supresión de toda autonomía catalana, se cierra con una participación vigorosa de los catalanes en la defensa de España contra Napoleón», de esta manera «es, pues, un proceso espontáneo el que favorece, en este período, la aparición de un estado-nación español» (14), un Estado-nación español débil, cuya unidad será cuestionada desde finales del siglo XIX.

La antecesora de la gran burguesía nacionalista de CiU era la oligarquía industrial y financiera catalana, los Güell, los Ferrer, etc., agrupados en la patronal Fomento del Trabajo. Españolista ferviente, defensora de la esclavitud en las colonias –donde se enriqueció con el tráfico de esclavos, cuyos beneficios impulsaron en parte la industrialización de Cataluña– financió mercenarios que luchaban contra los independentistas cubanos y al ultraderechista Partido Español en Cuba que agrupaba a los terratenientes esclavistas. Se hizo nacionalista a finales del siglo XIX cuando, perdidas las colonias, el mercado español se volvió vital para su industria, y escogió a los reaccionarios Prat de la Riba y Cambó como sus ideólogos y representantes políticos para defender sus intereses frente a Madrid. Volvió a hacerse anticatalana cuando el peligro de revolución social acechaba en el horizonte –defendiendo métodos terroristas y de exterminio contra el movimiento obrero–y financiando a las monarquías corruptas de Alfonso XII y su hijo Alfonso XIII, y más tarde apoyando a las dictadura de Primo de Rivera y Franco, como hicieron Cambó y tantos otros. 

Hoy, cuando se plantean formas de relación directas con Bruselas y Washington en consonancia con el cambio estructural de la economía catalana –mucho más internacionalizada y volcada a la exportación–, los descendientes directos de aquella rancia burguesía blanquean su pasado españolista y radicalizan su discurso nacionalista. Pero en sí, el modelo de sociedad de CiU se parece como dos gotas de agua a las promovidas por los sectores más neofascistas del PP, como Aznar, Esperanza Aguirre y la FAES: para ambas burguesías, su modelo socioeconómico es el macrocasino de “Eurovegas”, la apertura sin condiciones a las multinacionales y al capital extranjero, la entrega de la nación a los poderes imperialistas a cambio de algunos beneficios, el apoyo a Israel –país al que Artur Mas, presidente de la Generalitat y actual dirigente del movimiento nacional catalán, ha elogiado repetidamente–, el apoyo abierto a los contrarrevolucionarios y terroristas cubanos, la oposición al gobierno revolucionario de Venezuela, y la construcción de una Cataluña que combina un modelo económico ultraliberal y el darwinismo social con las herencias culturales más conservadoras, una Cataluña, además, donde los sectores reaccionarios de la Iglesia católica tienen una gran influencia social y política.

No nos encontramos en la situación del año 1978, cuando Cataluña y otros pueblos del Estado venían de sufrir una terrible opresión nacional de la mano del régimen franquista, un régimen que contó con el apoyo de un sector sustancial de la burguesía industrial catalana que vio con muy buenos ojos la extirpación a sangre y fuego del poderoso movimiento obrero catalán y la garantía de un monopolio industrial por el nuevo Estado fascista. Una burguesía que además recibió con los brazos abiertos la llegada de decenas de miles de emigrantes españoles que, huyendo de la miseria a la que eran condenados, venían a ser explotados en la economía catalana a precios muy competitivos. Estos emigrantes, por cierto, tuvieron una contribución muy importante con sus luchas para la recuperación de las libertades nacionales. A partir del año 1978, cuando finaliza la transición hacia el actual régimen monárquico, Cataluña pudo recuperar una buena parte de su autogobierno conseguido en la II República en gran medida gracias a las luchas antifranquistas obreras y populares que protagonizó el PSUC en Cataluña y el PCE en el resto de España durante el franquismo. Lamentablemente, el autogobierno de Cataluña fue a parar a manos de la oligarquía catalana que lo ha usufructado casi ininterrumpidamente desde entonces por la terrible corrosión política e ideológica de las organizaciones de izquierdas.  

La constitución de un Estado capitalista catalán en el seno de la Unión Europea –que nacerá con defectos congénitos, ya que deberá asumir una gran parte de la deuda pública española– no mejorará las condiciones de vida de los trabajadores catalanes, probablemente las empeorará al aislarlos de la clase obrera del resto del Estado. Las políticas de la Unión europea, de los llamados mercados financieros y del gran capital internacional, afectan por igual a los trabajadores catalanes y españoles, así como a los países más dependientes y semicoloniales de la Unión Europea, como Portugal, Grecia o Irlanda. Son políticas que benefician prioritariamente a Alemania mediante el saqueo impune de los trabajadores y los pueblos a través de la deuda externa y las políticas de ajuste. La libertad real de Cataluña no puede plantearse desde el formalismo de un “derecho a decidir” que busca acomodarse dentro del imperialismo europeo, ni tampoco desde proyectos sobre formas del Estado ideales que no tienen en cuenta el contenido de clase. La libertad real, al igual que la de España, pasa necesariamente por cortar las cadenas que unen a Cataluña y España con el sometimiento al imperialismo, en primer lugar por el capital monopolista y por el vasallaje político y económico al que la Unión Europea somete a España y a Cataluña como si fueran dos semicolonias.

Una relación verdaderamente justa de los pueblos del Estado, una auténtica libertad nacional y una verdadera soberanía, sólo puede conseguirse desde el marco de la ruptura con el imperialismo. Sin esa perspectiva, cualquier esperanza independentista sólo puede acabar en una nueva relación de sumisión al imperialismo. Los trabajadores de Cataluña, al igual que los del resto del Estado y los otros pueblos que conviven en su seno tienen los mismos enemigos: la oligarquía española –constituida también por las elites económicas del País Vasco y Cataluña–, la gran burguesía catalana y el imperialismo que oprime a los pueblos. Los lazos históricos que unen a los trabajadores y los pueblos del Estado español, que sufren por igual los efectos de las políticas imperialistas, justifica un esfuerzo por encontrar espacios de unidad desde la igualdad nacional y encontrar el verdadero derecho de autodeterminación. La República Popular y antiimperialista, como señalaba Comorera, hoy también puede convertirse en un marco de libertad para los trabajadores y los pueblos del Estado español dentro de la unión fraternal y la igualdad en derechos. Esta República puede unirse a la corriente mundial de países –como los del ALBA (Venezuela, Cuba, Nicaragua, Ecuador, Bolivia, etc.), así como otros países que respetan la soberanía nacional y la igualdad en las relaciones internacionales– que se esfuerzan en poner en pie unas sociedades alternativas a las injusticias del capitalismo, basadas en la solidaridad, la defensa de los trabajadores y los sectores populares, y la independencia y unidad de todas las naciones en la búsqueda de su particular camino hacia el socialismo. 

Notas

(1)   Joan Comorera: Contra la guerra imperialista i per l'alliberació social i nacional de Catalunya. http://marxists.org/catala/comorera/1940/09/08091940.htm
(2)   Comorera, obra cit.
(3)   Gianfranco Pala: La crisis después de todo. Crítica del postfordismo y cadenas imperialistas transnacionales. Marx Ahora, nº 9, 2000, La Habana, pp. 59-78.
(4)   Lenin: Balance de la discusión sobre la autodeterminación. Editorial Akal 74, Madrid, 1975, pp. 151 y 160.
(5)   Joan Comorera: La nació en la nova etapa histórica. http://www.marxists.org/catala/comorera/1944/nacio/nacio3.htm
(6)   Joan Comorera: Lletra oberta a Reis Bertral. http://www.marxists.org/catala/comorera/1948/xx/xxxx1948.htm
(7)   Lenin: obra cit., pp. 120 y 121.
(8)   Pierre Vilar: Sobre els fonaments de les estructures nacionals. Curial Edicions Catalanes, Barcelona 1985, p. 53.
(9)   Vilar, obra cit., p. 157.
(10)  J. Stalin: Cómo Entiende la Socialdemocracia la Cuestión Nacional. http://www.eroj.org/biblio/stalin/cuestion/cuestion.htm#FOOT1_1
(11)  http://www.lavanguardia.com/politica/20120913/54349503132/mas-estado-actuar-manifiesta-deslealtad-deficit.html
(12)  Comorera, obra cit.
(13)  Pierre Hillard: La décomposition des nations européennes. De l’union euro-atlantique à l’Etat mundial. François-Xavier de Guibert, Paris, 2005.
(14)  Vilar: obra cit. p. 49.